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Opinión. Apuntes sobre la realidad. por Antonio Muñiz
Construir mayorías.
25.08.16. En esta etapa de derrotas y retirada de los movimientos populares en Latinoamérica es necesario debatir y discutir ciertas cuestiones que son básicas para la nueva etapa que queremos construir.
 
 

CFK planteo clara la consigna “construir nuevas mayorías”, Ahora surgen otras preguntas ¿Cómo? ¿Con quiénes? Para qué? Y cada una de estas preguntas disparan respuestas y estas a su vez nuevas preguntas. Esa es tal vez la gran riqueza de la política, como ciencia pero sobre todo como práctica.

Peronismo - kirchnerismo

Existe hoy un debate más o menos encubierto entre Kirchnerisno y peronismo. En principio es necesario entender lo que decía Néstor Kirchner “somos peronistas, nos dicen kirchnerismo para bajarnos el precio”. La división entre peronistas y kirchneristas es una contradicción que impone la oposición porque les favorece la división del campo popular. Esto no sería grave, ya que siempre intentaron dividirnos. Lo grave es que esta lógica fue profundizada por los propios dirigentes del FPV, regalándole la “sigla” de peronista a expresiones marginales de la política argentina, como  los restos del duhaldismo – menemismo, o a caricaturas de dirigentes que se auto erigen  como voceros de un peronismo puro, pero anacrónico, y es más, ahistorico, como Julio Barbaro y tantos otros que pululan por los programas “políticos” de la TV.

Muchos dirigentes siguen sin entender que peronismo y kirchnerismo son una misma cosa. Es necesario comprender que sin la historia, la práctica y la cultura peronista el kirchnerismo no hubiera existido. El kirchnerismo no es ni fue una “anomalía” en la política argentina. 

El kirchnerismo es el peronismo en el siglo XXI, con su historia con sus victorias y sus grandes fracasos, con héroes y mártires, que dejaron su vida en la lucha por la liberación, con  grandes traiciones y agachadas. Modelado con oro, barro y estiércol, como toda construcción humana.

El peronismo es un partido del poder, se construyó como tal a partir del golpe del 43, pero sobre todo en el ejercicio del gobierno (46/55). Fue construyendo su ideología y su cultura a medida que iba gobernando. El cuerpo teórico fue tomando forma, después, cuando fue proscripto en la larga etapa de la resistencia.

EL Kirchnerismo también construye su práctica, desde el gobierno. Llega como respuesta del peronismo y de la sociedad a la crisis del modelo neoliberal en el 2001/03. A partir de las acciones de NK fue avanzando en un programa de gobierno, que se auto alimento en el peronismo de los 60/70, el peronismo de la resistencia, pero que navego en la super estructura política y legal montada por el proceso militar y por las políticas neoliberales del menemismo. Esa contradicción no superada le puso los límites a la experiencia política de estos 12 años.

Tal vez la mayor enseñanza que nos queda es que los procesos populares deben profundizar las reformas sociales, políticas y económicas. Hay que desmontar el aparato legal –institucional montado por el neoliberalismo, durante décadas. Parafraseando a Nietzsche “el poder debe ir siempre por mas poder, si no se empieza a perder”.

La experiencia de Latinoamérica en esta década muestra que los movimientos populares latinoamericanos deben comprender que hay que profundizar la construcción de poder popular en los procesos nacionales o se agotan en sí mismos. 

Cualquier estrategia de construir mayorías implica volver a prácticas del peronismo, como el movimientismo y la  transversalidad. La experiencia del FPV no está agotado, por el contrario, es necesario reconstruirlo, pero ampliando sus límites políticos y sociales. 

Tal vez una de las causas de la derrota fue el proceso iniciado bajo la consigna “Unidos y Organizados” que en vez de unir y organizar fue expulsando dirigentes y sectores gremiales, empresarios, económicos y militantes, con una lógica de amigo – enemigo, que fue vaciando al FPV. Confundir la crítica y al que critica como el “enemigo” es una estupidez, y también una perversión política. 

Llego esta lógica perversa hasta cuestionar y sabotear al candidato a presidente Daniel Scioli. 

Una nueva construcción de mayorías no puede repetir los errores de la década pasada: falta de diálogo, de pluralismo y de debate. Es imposible sumar voluntades distintas y unirlas en la lucha contra el neoliberalismo sin una  convocatoria amplia, participativa y abierta, que genere un amplio debate sobre ideas, proyectos y modelos.

El movimiento nacional debe tener una estrategia de sumar, unir, organizar y empoderar a todos aquellos sectores cercanos a los intereses populares, que por intereses o ideología enfrente al bloque dominante: cooperativas, movimientos sociales, gremios. Pymes, pequeños empresarios agrícolas, las economías regionales, estudiantes, la clase media, etc, en una alianza mayoritaria que pelee el gobierno, pero que  por sobre todo pueda pelear el poder. 

Para ello además de sumar voluntades es necesario conformar un programa de gobierno que profundice las reformas iniciadas y abra otras alternativas en áreas hoy todavía intocables. Sin ánimo de agotar los temas es necesario reformular todo el sistema financiero, regulado todavía por la ley de Martínez de Hoz, ir por la renta agropecuaria exportadora, en manos hoy de cinco grupos trasnacionales, desmonopolizar la economía, mejorar el reparto de la renta, aspirando a llegar al 50 y 50, empoderar a las cooperativas en todos los sectores de la economía, formular una política industrial seria y coherente que busque desarrollar sectores estratégicos, pensar a partir de esta estrategia nuevos escenarios territoriales, que permitan asentamientos urbanos y el desarrollo productivo de provincias hoy postergadas. En este esquema de desarrollo es fundamental repensar el rol del Estado, como motor de la economía y el desarrollo, A falta de una burguesía nacional es necesario contar con un estado empresario eficiente que ocupe los espacios que no ocupan los empresarios privados.

Por último, pero central en cualquier política de reformas populares, es necesario pensar en mecanismos de democracia social, directa y participativa. “El pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”, latiguillo que nos inculcaron durante toda la etapa escolar es una aberración en una democracia moderna. Es fundamental empoderar al pueblo, a las organizaciones libres del pueblo, a las asambleas populares. Para que esto sea posible es necesario volcarlo en la legislación constitucional, así como las herramientas de consulta popular, plebiscito, consulta revocatoria, y todo otro mecanismo que permita la expresión directa de la ciudadanía. 

 
 
 
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