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Opinión. Antonio Muñiz
Informe de situación.
06.06.16. La etapa abierta tras el ballotage, con la derrota del peronismo y la asunción de una alianza de centro derecha abrió sin ninguna duda una etapa política inédita en la historia Argentina. Si bien no es la primera vez que se instaura un gobierno de centro derecha con una clara política neoliberal, siempre fue a través de un golpe de estado por parte del partido militar, o con la cooptación de dirigentes de partidos populares como Carlos Menem; esta vez se llega con un amplio apoyo popular, derrotando en las urnas al peronismo.
 
 

"Y entre los males y los desmanes 
hay cierta gente que – ya se sabe -, 
saca provecho de la ocasión; 
comprando a uno lo que vale dos 
y haciendo abuso de autoridad 
se llevan hasta la integridad."

Informe de situación. Víctor Heredia

 

La etapa abierta  tras el ballotage, con la derrota del peronismo y la asunción de una alianza de centro derecha abrió sin ninguna duda una etapa política inédita en la historia Argentina.

Si bien no es la primera vez que se instaura un gobierno de centro derecha con una clara política neoliberal, siempre fue a través de un golpe de estado por parte del partido militar, o con la cooptación de dirigentes de partidos populares como Carlos Menem; esta vez se llega con un amplio apoyo popular, derrotando en las urnas al peronismo.

Las políticas del nuevo gobierno, son del viejo manual neo liberal aunque parecieran aplicadas con escasa eficiencia técnica y sobre todo políticas.

Las medidas de ajuste brutal, subas de tarifas  de 300/400 %, tasas de interés del 50%, despidos masivos en el Estado, apertura de indiscriminada de las importaciones, quita de retenciones,  y una inflación  galopante del 40 % con paritarias con salarios a la baja. Podríamos seguir enumerando medidas, pero todas parecen destinadas a transferir ingresos de los sectores populares hacia las clases altas, con intereses agropecuarios, financieros y en menor medida hacia la gran industria concentrada. Esta brutal transferencia, casi 20 mil millones, sin duda genera y generara despidos masivos, cierre de industrias, pymes sobre todo, cierre de comercios, una disminución de la actividad económica que hoy ronda el 40 % menos, medido contra el año anterior.

La lógica gubernamental es que  esta recesión  debería llevar a una baja  importante en la inflación durante el segundo semestre, sin embargo a pesar del ajuste brutal, solo se vislumbra un escenario de stanflacion, es decir recesión con alta inflación. El peor de los mundos para la lógica neoliberal.

La precariedad técnica para llevar adelante esta política ortodoxa va junto a una escasa capacidad política en cuanto a medir el impacto de estas medidas y su viabilidad política. El caso del aumento del gas  muestra lo brutal de la lógica del Ministro Aranguren, aumentos del 300 a 1000%, sin medir como impacta regionalmente, por ejemplo en la Patagonia, sino cómo impacta sobre la producción fabril,  sobre todo en aquellas industrias que tienen el gas como insumo importante.

Presionados por la realidad, ahora con marchas y contramarchas,  ponen un tope a las tarifas.         

 

La cuestión social.

 

 Como decíamos este modelo de ajuste tiene y va a seguir teniendo un costo social altísimo.

Ante el silencio del INDEC, los informes de las consultoras privadas dan  un una inflación proyectada de más del 40%, aumento importante en la desocupación y el aumento de la pobreza y sobre todo la indigencia.

 

Por ejemplo la semana pasada se publicó un nuevo informe de la Universidad Católica, institución que el actual gobierno siempre avaló como referente de estadísticas mientras fue oposición. Según el reporte UCA, entre 2011 y 2015 la pobreza por ingresos pasó del 24,7 al 29,0 por ciento de la población. Una suba de 4,3 puntos porcentuales. Pero en solo un trimestre, de enero a marzo de 2016, el incremento fue de 29,0 al 34,5 por ciento, 5,5 puntos más.

 "Es decir que el nuevo gobierno superó en apenas tres meses toda la pobreza generada en los cuatro años anteriores, cuando supuestamente todo era un desastre”.

"En términos porcentuales, entre 2011 y 2015 la tasa de personas pobres se elevó un 17,4. Con Macri, en un trimestre, la pobreza subió 18,9 por ciento", se estima que "en el segundo trimestre la situación sería igual o peor, por la evolución de la inflación".

 

Los datos de la indigencia son aún más alarmantes. "El informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA señala que entre los años 2011 y 2015 la indigencia por ingresos cayó del 6,1 al 5,3 por ciento de la población. El descenso fue de 0,8 puntos porcentuales. En cambio, entre enero y marzo de 2016 la indigencia se catapultó del 5,3 al 6,9 por ciento, una suba meteórica de 1,6 puntos. Dicho de otro modo: durante el segundo mandato de Cristina la tasa de indigencia bajó 15 por ciento, en tanto que en un trimestre de Mauricio subió 30 por ciento".

 

El escenario futuro no parece demasiado promisorio, a pesar del optimismo, un poco esforzado, de los dirigentes macristas. Su única estrategia es echar la culpa a la “pesada herencia” del gobiernos anterior y prometer una lluvia de dólares que harán de Argentina un paraíso.

Sin embargo la realidad es más fuerte: la pesada herencia es un invento mediático para poder justificar el ajuste sobre los sectores populares. Generaron una crisis donde no la había. Había problemas puntuales, que había que solucionar, pero no un crisis terminal como dicen, Es más, el daño ocasionado por estas erráticas políticas todavía no se siente con toda su intensidad porque veníamos de un periodo de bonanza con lo cual la clase media y los sectores asalariado tenían un colchón que amortiguo el impacto.

 

En cuanto a la lluvia de inversiones y de dólares, parece más un deseo que una realidad.

 El mundo viene desde 2008 con un profunda crisis, de la cual no hay atisbos de salida. Nuestros mercados tradicionales están en recesión, sobre todo Brasil, que viene en caída desde hace 3 años y ahora con su crisis política seguramente va a profundizar su debacle económica. La caída de la producción brasileña con su consecuente caída comercial golpeo y seguirá golpeando la economía argentina.

El flujo de dólares está yendo de los países periféricos hacia los centrales. El único flujo que está viniendo y seguramente llegaran en los próximo meses serán los “capitales golondrinas”, que llegan por un corto plazo aprovechando la tasa de las Lebac del 35% anual. Lo que les genera una  ganancia del 10% en dólares. Algo inédito en el mundo. Sin embargo esta situación  esta generando un daño en la economía real, no hay país que pueda funcionar con esas tasas.

Hay una alerta, las altas tasas están generando una burbuja financiera, que son una exagerada ganancia para los bancos pero una hipoteca impagable para la economía argentina.

Los intendentes y la iglesia, siempre cercanos a los sectores populares  han prendido la luz de alarma sobre el efecto real y concreto que las políticas gubernamentales están haciendo en las barriadas del gran Buenos Aires o en las economías regionales del interior del país, sin que hasta ahora el gobierno  haya tomado nota de la situación.

Hay desocupación alta en los sectores de trabajadores informales (construcción, servicios domésticos, cuenta propismo, etc)

La inflación real del 50/60 % sobre la canasta de alimentos pego muy fuerte en los sectores populares, ya que la mayor  parte de sus ingresos va a la canasta alimentaria. Hoy falta comida en las familias populares. Encima un estado ausente que no atina a dar respuestas directas, es la propia organización popular la que va dándose respuestas de supervivencia. Comedores populares, ferias de usados, trueque, etc.

 

El escenario sobre todo en el Gran Buenos Aires es explosivo, empieza a haber hambre y el hambre no espera. 

 
 
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