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Opinión. Otra visión
Carta abierta al presidente Macri:
19.04.16. Señor presidente, la Inflación es un fenómeno monetario, no económico, sólo existe en una economía especulativa. Por Juan José Balatti Rozado.
 
 

La economía tiene dos aspectos principales. Uno de los aspectos, el que tiene en cuenta el empleo, la producción y el consumo es considerado por la economía como la relación de la sociedad en su conjunto con la naturaleza, se llama economía física ya que entiende en todo lo relacionado con las transformaciones de materia y energía. Es la forma en que los hombres se relacionan con el medio ambiente para vivir y progresar. En cuanto ciencia, este aspecto de la economía se independiza del papel moneda, del crédito y de la deuda en el ordenamiento de los flujos de empleo y producción de bienes.

La moneda, el crédito y la deuda pertenecen a la otra categoría, la de los procesos políticos, y no a la de procesos económicos en su acepción más estricta. En realidad la economía sólo existe como actividad de la sociedad de forma tal que los acontecimientos siguen un orden político y así deviene en economía política, por ser el hombre el único ser que puede ejercer la libertad y el poder de dominar la naturaleza. Libertad y poder con luces y sombras en el tiempo y el espacio.

Estos dos aspectos principales no deben ser antagónicos, se deben armonizar de forma tal que se complementen y no se excluyan uno a otro.

Así la medición del rendimiento de la economía pertenece al ámbito más restringido de la economía física, ya que las leyes que lo rigen mantienen pleno vigor, sin alteración, aún cuando el caso en consideración cambie de una forma de organización política de la economía a otra diferente.

La cualidad de una forma dada de economía política se determina en la manera en que se armonizan las instituciones políticas con los requisitos propios de la economía física. En otras palabras, nunca deben las instituciones políticas hacer que el funcionamiento de la economía viole las leyes de la economía física. En esto coinciden la enseñanza de la ciencia económica y la moral. Un ejemplo de esto es afirmar que el único fin de la economía es la ganancia y es el justificar la usura en el los intereses, ya que estas dos políticas perversas llevan irremediablemente a la destrucción económica.

Para comprender los ciclos económicos debemos considerar la forma en que interactúan los dos principales aspectos de la economía.

El aspecto fundamental y primario de la economía es la economía real, es decir el aumento o disminución del ingreso real per-capita, medido en bienes físicos y la producción real per-capita y por unidad de superficie de tierra utilizada.

El otro aspecto de la economía es el flujo de dinero, crédito y endeudamiento. Si el dinero, el crédito y el endeudamiento crecen más rápido que el ingreso real per-capita nos dirigimos hacia el derrumbe. Si por el contrario el ingreso real per-capita crece más rápido que la suma per-capita de dinero, crédito y endeudamiento, nos dirigimos hacia un período de prosperidad.

Una política económica sólida exige que los flujos de inversión se dirijan de manera tal que la productividad nacional promedio per-capita crezca con mayor rapidez que el flujo per-capita de dinero, crédito y endeudamiento.

Esto significa que debemos invertir constantemente en adelantos de la tecnología productiva. Sólo el progreso tecnológico nos permite obtener mayor riqueza que la capacidad de compra invertida en la forma de capital y deudas contraídas.

Si el costo del dinero es muy alto, y los flujos de dinero, crédito y endeudamiento se desvían hacia renglones ajenos a la agricultura, la industria y la infraestructura económica a mediano y largo plazo, nos dirigimos hacia la recesión.

En la argentina la cantidad de dinero destinado a inversiones productivas deberá representar un porcentaje cada vez mayor del total de las inversiones. De esta manera la porción de la fuerza laboral empleada en la producción irá aumentando, y el ritmo de crecimiento de la productividad de los trabajadores empleados en estas ramas no se estancara primero y desplomara después.

La inflación es consecuencia de la aplicación del sistema monetario financiero donde el llamado capital no está al servicio de la economía y esta no está al servicio del bienestar general. Es decir cuando la economía no es una economía social, sino una economía especulativa.

En economía, la inflación es el aumento sostenido y generalizado del nivel de precios de bienes y servicios, medido frente a un poder adquisitivo estable. Se define también como la caída en el valor de mercado o del poder adquisitivo de una moneda en una economía en particular.

En todo gobierno republicano y democrático la aplicación y el cumplimiento de un Plan Económico determinan la aparición de nuevas situaciones particulares que configuran una nueva situación general que conviene tener en cuenta.

A partir de esa nueva situación general se debe iniciar una etapa de realizaciones que no signifique en sí un plan inflacionario o un plan deflacionario, ni aceptar un equilibrio estático o permanente de precios y salarios, de ofertas y demandas en bienes y mano de obra, ni de consumo y producción como plantea el antiguo ideal de los economistas liberales.

La inflación y la deflación son fenómenos monetarios-financieros con incidencia económica que no deben tener directa relación con el bienestar del pueblo. La economía en sentido estricto es la creación de riquezas y su justa distribución. En nuestra historia hubo épocas de inflación y hubo épocas de deflación. En ambas épocas disminuyó el bienestar de la población, porque fueron conducidos con criterios exclusivamente económicos-financieros. Reconocemos que la inflación en otros países y en el nuestro provoca habitualmente desequilibrios peligrosos para el bienestar general.

Lo mismo sucede con el equilibrio estático entre precios y salarios, oferta y demanda, producción y consumo. 

Estas tres posiciones-inflación, deflación, equilibrio estático- son exclusivamente monetario-financieras, que analizadas dentro de un sistema de economía social pueden ser implementadas sin alterar el bienestar alcanzado. Lo que debe importar es el bienestar social. 

Sabemos que no hay un sistema permanente eficaz que, aplicado, produzca el bienestar material de la población y su consecuente tranquilidad política y social.

Hay momentos económicos que deben ser resueltos con inflación o deflación, así como momentos económicos que deben ser resueltos mediante el equilibrio económico.

En economía la única posición es la que se deduce de la realidad y de su exacta apreciación, pensando que no ha de ser permanente como ideal el desequilibrio monetario-financiero, o sea la inflación o la deflación. Pero eso no significa tampoco que nos decidamos por el equilibrio estático ideal del liberalismo económico, que sólo puede ser una solución momentánea y para una situación determinada.

El proceso económico, por lo menos en nuestro país, debe ser un proceso de creación permanente de riquezas y que ellas deben ser concomitantemente distribuidas a fin de que la economía sirva al bienestar social.

Vale decir que si crecen las riquezas debe crecer el bienestar del pueblo. El ideal del equilibrio económico no puede ser estático o permanente, sino dinámico.

Si crecen las riquezas, o sea la renta nacional, como inmediata consecuencia debe crecer la renta individual o, mejor aún, la renta familiar.

Si creciese la renta nacional y no se incrementara la renta familiar, deberíamos pensar que la economía no es social, o sea que la economía se ha constituido en un fin, como en el sistema liberal, y no un medio que sirve al bienestar común mediante la redistribución de bienes que se efectúa por una eficiente justicia social.

Si aumentan los precios es porque en alguna forma han sido aumentados los beneficios del capital, con la sola excepción de los aumentos de precios derivados de mejora salariales en la actividad económica afectada, pero en este caso los salarios deben seguir el índice general de precios, o sea el costo de vida.

Negar la relación de precios y salarios es sólo política monetaria-financiera y no económica. Ambos, precios y salarios, deben relacionarse mutuamente, el ritmo de los salarios debe seguir el ritmo de los precios. 

Lo mismo debe suceder en cuanto respecta al equilibrio entre la oferta y la demanda. La oferta debe subordinarse a la demanda dentro de un equilibrio dinámico, o sea que la oferta debe seguir bien de cerca de la demanda, a fin de no provocar el desequilibrio que es la inflación. La demanda de mano de obra debe seguir a un paso de la oferta. La producción debe seguir de cerca al consumo.

El proceso económico más simple y lógico, si queremos llegar al equilibrio económico dinámico, que nos parece el ideal más aceptable en general, es, partiendo de la inflación simple, pasando por el punto de equilibrio estático, entrar por el ancho camino del equilibrio dinámico, que en síntesis no es otra cosa que una permanente creación de riqueza acompañada por una creación concomitante de bienestar social.

El equilibrio dinámico tiene mayor trascendencia que la del simple terreno económico. No es sólo un equilibrio económico, ni exclusivamente social, ni exclusivamente político.

Optar por enfriar o calentar la economía desde sólo la óptica monetaria-financiera es tomar una parcialidad, una verdad aislada de su contexto, de la totalidad, diríamos de su medio ambiente, nos lleva a eternizar discusiones seudo académicas y no alcanzar el objetivo fundamental de la economía social: la justa distribución de la riqueza que crea el hombre con su trabajo. Esta distribución no puede estar separada o postergada por la inflación. Todo trabajador produce hoy y consume hoy.

En una economía social el Índice de Inflación deberá ser un “Índice monetario-financiero-económico” que vincule producción con consumo, es decir producción con distribución de riquezas, que defina y calcule la realidad en materia de inflación: si se mantiene o aumenta la cantidad y calidad de bienes y servicios que puede adquirir un trabajador con una hora de trabajo, que es la mejor unidad monetaria antiinflacionaria.

Hay inflación cuando la moneda, el crédito y la finanza no van a la producción, sino a la especulación, a la usura financiera. Cuando el dinero pare dinero y no produce bienes físicos, cuando es una mercancía y no un servicio, hay inflación. Cuando se gana más dinero en el sector financiero que en el crecimiento de la economía social, hay inflación.

 

 
 
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