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Opinión. Industrializar o desindustrializar. Por Héctor Menéndez
Desarrollismo industrial o neoliberalismo financiero
09.04.16. Para comprender la furia desarticuladora del gobierno Macri con las retenciones y subsidios, con todos los planes técnicos y científicos, educativos, de una mayor distribución de la riqueza del gobierno anterior, es necesario comprender esencialmente el proyecto de industrialización desarrollista del gobierno kirchnerista para recién poder entender el proyecto desindustrializador del imperialismo que el gobierno Macri lleva adelante. Los debates electorales, los debates televisivos posteriores se detienen en juicios de valor sobre cada una de las medidas sin explicarse de conjunto el proyecto que está implícito en esas medidas.
 
 

Hay que entender las retenciones a las exportaciones agropecuarias y los subsidios más allá de la justicia ó injusticia distributiva. Las retenciones y el escalamiento que tuvieron en el gobierno de los Kirchner estuvieron dirigidas en primer lugar a diferenciar los precios internos de los internacionales, para mejorar la competitividad externa de la industria nacional y hacerla crecer. El exportador de trigo recibía el precio internacional rebajado por el 23 % de la retención que deducía el Estado. Lógicamente lo vendía a los molinos del país también a ese precio rebajado. Esa rebaja se trasladaba a la harina, al pan, a las pastas y a los consumos de la población. En el caso del maíz, la rebaja de su precio en el mercado interno como consecuencia de las retenciones tenía una consecuencia mayor, porque el maíz es un insumo fundamental en la producción de carne aviar, porcina y bovina, y las carnes son el componente proteico fundamental de la alimentación argentina.

 

Si los precios de la carne y del pan se hacen más baratos disminuye el costo de reposición de la fuerza de trabajo. De lo que cuesta el mantenimiento del trabajador, de su familia y de los hijos que mañana lo reemplazarán. Esto determina una disminución del costo de la producción industrial. La carne aviar, porcina, bovina y las manufacturas de origen agropecuario producidas con trigo, maíz ó soja, que se exportan, producidas con insumos más baratos que los precios internacionales contribuyen a la competitividad externa de la industria y de la economía. Así se crearon miles de puestos de trabajo.

 

Con los subsidios al transporte colectivo, al agua, al gas, a la electricidad, ocurre lo mismo que con las retenciones. No puede comprenderse solamente como un problema de justicia distributiva sino también como una forma de transferir renta de otros sectores de la economía al consumo interno de la masa de población y a la mejora de la competitividad de la industria. Sin estos subsidios, sin la transferencia de parte de la renta agraria al subsidio de la industria, esta no puede competir con las industrias de los países centrales imperialistas que viven de la concentración y especulación financiera y de la división internacional del trabajo. Ellos exportan con valor agregado bienes de capital, manufacturas, y la semicolonia commodities, materias primas, sin el valor agregado de la industria. Por eso no pueden permitir que un país dependiente se industrialice ó que se libere de la atadura financieras de la deuda con los buitres de hoy, de ayer y de siempre. De allí surge la pasión desindustrializadora de Macri/Usa. Ese programa de desindustrializar le proporciona unidad y lógica a la desarticulación de la promoción del consumo bajando salarios, despidiendo trabajadores, cerrando programas de control estatal de precios, rebajando planes de ciencia y técnica, abriendo importaciones, liberando el atesoramiento en moneda extranjera, la fuga de capitales y el pago ilegal y fraudulento a los buitres.

 

Por eso el proyecto imperialista del gobierno Macri está furioso desmantelando el mercado interno, la ciencia y la tecnología, porque sin industria y sin proyecto político de autonomía no necesitan ciencia, tecnología, satélites ni más universidades. Los proyectos tecnológicos vendrán condicionados desde EE.UU. ó de Europa. Como los autos que fabrica la extranjera industria automotriz en Argentina ó en Brasil, cuyo déficit en el comercio exterior se lo llevan a las metrópolis. Sin inversión del Estado en el desarrollo tecnológico para fabricar un auto argentino que compita en todo el mundo la industria automotriz seguirá de crisis en crisis, copiando los vaivenes del mercado interno y de Brasil y pidiendo subsidios al gobierno. Apalancados ahora por la burocracia de Pignanelli.

 

Están furiosos desmantelando el proyecto industrial del desarrollismo burgués de los Kirchner, que estaba equivocado en su apuesta al desarrollo con capital externo, pero mantenía relativamente el empleo y el consumo. Entonces no son lo mismo. Los trabajadores con este gobierno vamos a la desocupación y a la miseria.

 

En 1947, la población argentina tenía una concentración urbana del 50 por ciento. Hoy es del 94 %. Las sucesivas revoluciones tecnológicas en la producción industrial, agraria y en los servicios que han multiplicado la productividad del trabajo en todos los sectores -como la nueva agricultura sin agricultores- han producido junto con el crecimiento vegetativo de la población y con el mantenimiento y ampliación de la jornada de trabajo, en lugar de una disminución como sería la lógica, una población “sobrante”, según los economistas del sistema, que convierten las plazas, los paseos, las calles céntricas de las ciudades en verdaderos mercados persas. La ciudad de Buenos Aires está tapizada de manteros. Han enrejado todas las plazas para impedir que se establezcan allí los manteros. La industrialización es un objetivo de vida ó muerte para los trabajadores.

 

La globalización y extranjerización de la economía, han construido un bloque de empresas extranjeras que además de facturar el 70 por ciento de toda la facturación en el país han avanzado hacia un funcionamiento político, social, institucional, con la coordinación de las embajadas, de la Am-Cham -la cámara de las empresas norteamericanas- y del sistema mundial de medios del imperialismo en Argentina, constituyéndose en el centro de la clase dominante del país. Han pasado del dominio económico a cumplir las funciones de la gran burguesía como clase en el país. Este cambio en la clase dominante condiciona el comportamiento de las clases subalternas, de un sector de la clase media que vota Macri/USA/Campo, de la burocracia sindical peronista, histórica articuladora del conflicto social con la patronal burguesa nacional que ahora negocia con la patronal extranjera y vota dividida Macri, Massa, Scioli. La ausencia de una dirección y organización de clase en los sindicatos y la formación de una limitada aristocracia obrera constituyen el cuadro histórico del triunfo de Macri/Cambiemos/USA.

 

Pero este triunfo conservador tiene los pies de barro. La crisis sin salida del sistema mundial capitalista – imperialista penetra en los desastres desindustrializadores del gobierno y la caída del salario y de la ocupación chocará de frente con los ascensos relativos del período kirchnerista y fundamentalmente con las tradiciones de lucha de la clase obrera argentina. Ayer en los sindicatos, ahora y mañana en los sindicatos y en la construcción de una nueva dirección política, en un nuevo partido. No hay una referencia mundial. Desde Argentina, de Brasil, de América Latina podemos empezar a construirla abriendo una nueva etapa histórica.

REBELION
 
 
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