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Provinciales. La “maldita Policía” mete presión y espera respuestas.
Vidal y Ritondo, sin políticas de seguridad. La situación es cada vez mas compleja
09.04.16. El incremento de la ola delictiva no es casual. Ni tampoco la mayor gravedad de los delitos registrados: secuestros, drogas, asaltos a mano armada, etc. Vidal y Ritondo muestran una notoria falta de políticas en el tema seguridad. Marchas y contra marchas y una "reforma policial" que no es tal agudizan una situación cada vez mas compleja
 
 

"Para realizar semejante reforma les falta gente que les responda, ellos recién llegan y los mandos son los mismos de antes. No se puede cambiar así porque sí", señala un legislador bonaerense ligado al peronismo. La referencia es para la nueva Policía bonaerense que pretenden la gobernadora María Eugenia Vidal y su ministro de Seguridad Cristian Ritondo.

 

“Estamos convencidos de dar la batalla contra las mafias, la corrupción y la desidia, por eso empezamos una reforma en la Policía de la Provincia, apostando a los que hacen las cosas bien y dándoles todo nuestro apoyo”, decía, palabras más, palabras menos, la mandataria bonaerense ante la Asamblea Legislativa.

 

Y en el mismo sentido, agregaba: “Instruí que todos los cargos policiales, de Subcomisario en adelante, y el mismo rango para el Servicio Penitenciario, presenten en el plazo de treinta días sus Declaraciones Juradas y lo hagan públicamente”.

 

La tan anunciada reforma incluye entre otras cosas el paso a retiro a 18 comisarios generales y que unos 7800 jefes policiales tengan la obligación de presentar declaraciones juradas de sus bienes. Además, desaparece la llamada Policía Buenos Aires II y se amplía de seis a nueve meses la formación de suboficiales.

 

De entrada se supo que tanto cambio no iba a caer bien en la fuerza. Y el primer mensaje llegó un día después de las palabras de Vidal, con el robo perpetrado en la casa del jefe comunal platense Julio Garro. Por el hecho fue detenido el subteniente Patricio Massana y removidos de sus cargos el comisario y subcomisario de la Primera, Marcelo Cifuentes y Carlos Arias, respectivamente.

 

Ritondo se hizo cargo enseguida, y ante la prensa señaló que “hay que determinar si fue un hecho delictivo o un mensaje mafioso al intendente, o a nosotros por los cambios que hicimos”, esto último en alusión a la mencionada reforma. El mismo día, vale recordar, también fueron robados en La Plata los jefes comunales de Saladillo, José Luis Salomón y de Magdalena, Gonzalo Pelusso.

 

Pero la administración bonaerense no se amilanó e insistió con promocionar los cambios. Y a los pocos días, de buenas a primeras, volvieron los secuestros expres. “En las últimas dos semanas, hubo siete secuestros denunciados”, que se llevaron a cabo “en la zona sur, y ahora se está dando un fenómeno en la zona oeste”; explicó el ministro. Pero los casos son más, muchos más.

 

De la zona oeste del Conurbano, más precisamente de Ramos Mejía, es oriundo el Jefe de la Policía Bonaerense, Pablo Bressi, que como es sabido, entre otras cosas, es especialista en mediación con secuestradores. “Todo tiene que ver con todo, acá no hay casualidades, si arriba creen que se trata de una casualidad, lamentablemente estamos a la buena de Dios”, señala en estricto off un ex Comisario general.

 

“Hicieron un camino desacertado. Las reformas policiales nunca llegaron a buen término. Una reforma policial profunda se hace con tiempo y lleva entre quince y veinte años”, explicó a La Tecla el titular del Sindicato Policial Buenos Aires (SIPOBA), Nicolás Massi, quien se puso al frente del reclamo salarial y las finalmente abortadas dos horas de sirenazo y retención de tareas.

 

Eran muchos los uniformados, de los malos y los buenos, que daban a entender que no iban a bancarse la reforma policial y un escaso aumento de sueldo casi en simultáneo. Por lo pronto, lograron el incremento salarial, aunque la conformidad no es plena. Bajo presión, a horas del “paro”, Ritondo anunció una suba del orden del 25 por ciento, que según explicó, se pagará en dos tramos, entre marzo y julio.

 

Más allá del conflicto salarial, la incomodidad de las autoridades políticas es notoria. Incluso, Vidal se vio en la necesidad de mudarse a una casa ubicada en la Base Aeronaval de Morón. Además, llamativamente, la custodia no es de su propia fuerza. Quienes escoltan a la gobernadora son parte de la Metropolitana. Los mismos que la cuidaban cuando se desempeñaba como segunda de Macri en la Ciudad. 

 

Y si de situaciones que llamaron la atención se trata, a la cabeza del ranking está la veloz oficialización del divorcio entre la mandataria y su ahora ex marido, el alcalde moronense Ramiro Tagliaferro. Las malas lenguas hablan de una complicada foto (nada se dice acerca de quien aparece en la misma) que estaría en poder, nada más y nada menos, que de la maldita policía. “Tenía que sacarse de encima el asunto bien rápido”, cuenta una de las malas lenguas.

 

“Todo está relacionado”, señala a La Tecla un ex oficial que asegura estar limpio. Y en la misma bolsa, la de los mensajes de la incontrolable fuerza bonaerense, incluye supuestos llamados telefónicos mafiosos al ya mencionado Ritondo y la amenaza de muerte a la mujer del intendente de Chivilcoy y ex Comisario Guillermo Britos, aunque este se encargó de aclarar que el asunto nada tiene que ver con la policía.

 

Cuenta la leyenda que disgustada con las reformas que el por entonces ministro Carlos Stornelli quería implementar, la maldita policía se puso manos a la obra y logró mandar para atrás aquellas modificaciones. “En una página web que apareció de un día para el otro, un anónimo publicó las coordenadas exactas en las que se encontraba la silla del ministro, el vino que tomaba y los habano que fumaba”, recuerda un viejo efectivo con llegada a la cúpula.

 

Sí, la Policía manda. La Policía cuenta con información de todos y cada uno de los políticos, de los que llegan al poder, de los que se van y de los que en algún momento llegarán. Siempre se guarda un as bajo la manga, y si las cosas no funcionan como ellos pretenden, el panorama no será el más alentador. Ni para las autoridades políticas, ni para la sociedad.

 

El mensaje es doble. Por un lado, va dirigido a la población. Los delitos aumentan y en el inconsciente de la sociedad se genera el miedo, una constante sensación de inseguridad que lleva a pensar que la política volvió a fallar. Por otro, va en dirección a los funcionarios que dirigen la batuta. Este es más directo, no se necesita del inconsciente. “Ojo, acá estamos y vamos por tu cabeza”.

 

¿Se puede ir a fondo con la reforma policial? Sí, se puede. Siempre y cuando la fuerza esté de acuerdo. En este caso, como en tantas otras oportunidades que se intentaron cambios, no lo está. ¿Se va a hacer una reforma policial a fondo? Sí, se va a hacer. Pero se va a tratar más de relato que de hechos. Va a ser un cambio para afuera, dirigido a la opinión pública. Para adentro, para la Policía, también habrá reforma, pero más moderada, consensuada.

 
 
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Nick
 
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