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Opinión. 40 años por Juan Jose Balatti Rozado
La cara oculta del golpe financiero terrorista
25.03.16. La memoria es el presente de las cosas pasadas. ¿Cómo sucedieron esas cosas pasadas? ¿Acontecieron espontáneamente o no? ¿Tuvieron un origen y un desarrollo? ¿Fueron locales o globales? Es necesario en el presente tener memoria de las cosas pasadas en el mundo y en Argentina en el mundo bipolar.
 
 

Finalizada la segunda guerra mundial los vencedores continuaron la guerra por medios políticos-económicos, a los que se debía obedecer y servir. En occidente, el sistema británico de economía monetarista, luego de Bretton Woods, impuso nuevas reglas de dominio.

En el libro “Inglaterra y mi caída” el general Perón sienta esta frase decisiva: “Quizás un error nuestro fue no haber advertido que nuestro gobierno fue una etapa en la lucha ancestral con Gran Bretaña, iniciada el 12 de agosto de 1806”.

En los 70s el sistema financiero comenzaba a reordenar su dominio mundial. El golpe del 24 de marzo de 1976 formó parte de este reordenamiento. Fue un golpe financiero-terrorista, ejecutado por militares y civiles que sirvieron localmente al inicio del despliegue global del sistema financiero monetarista en plena guerra fría. Hubo cambio de gobierno democrático por dictadura con represión, endeudamiento y dominio. Fue el capítulo argentino de despliegue del poder internacional en la región para eliminar estados soberanos, colocar los dólares originados en la crisis del petróleo depositados en Wall Street y la City de Londres a muy bajo interés, prestarlos a interés usurario, generando deudas impagables en países controlados por el FMI, desindustrializar e intentar crear la cuarta locomotora de la Comisión Trilateral en territorios de Brasil, Argentina y Uruguay, unida a las otras tres existentes en regiones desarrolladas de América del Norte (EEUU y Canadá), Europa y Japón. 

En todos los países que se implementaron golpes de estados los resultados fueron los mismos: terrorismos, endeudamiento impagable, desindustrialización, estados débiles, privatización de riquezas y servicios, crisis socio-económica etc. Nacía la industria financiera usurera global, de la cual formaremos parte. Para alcanzar el terrorismo económico era necesario el terrorismo institucional. 

El trasfondo estratégico para entender el 24 de marzo de 1976 se inició años antes.

En el Gobierno de Nixon (1969-1974) ocurrieron dos desarrollos estratégicos importantes de trasfondo, en los cuales Kissinger fue una figura relevante. Primero, el 15 de agosto de 1971 el presidente Nixon sacó al dólar del sistema de tipos de cambio fijos respaldado por el oro, y así acabó con el sistema de Bretton Woods establecido en 1944. Esto dio inicio a la era de especulación desenfrenada.

El segundo desarrollo fue el Memorando de Seguridad Nacional 200 promulgado en secreto por Kissinger en 1974, que establecía como los principales objetivos de la seguridad nacional de Estados Unidos, el control de los recursos naturales estratégicos del mundo por parte de EU y la despoblación de ciertas grandes regiones del sector en vías de desarrollo. En efecto, el Memorando de Kissinger comprometía a EU a fomentar derrocamientos de gobiernos democráticos en regiones ricas en materias primas estratégicas, alimentos y agua.

En julio de 1973 se crea la Comisión Trilateral, "el conjunto de potencias financieras e intelectuales mayor que el mundo haya conocido nunca". Representaban en su conjunto alrededor del 65% de las firmas bancarias, comerciales e industriales más poderosas del planeta. Figuraban entre ellos los máximos dirigentes de las bancas Rothschild y Lehmann, del Chase Manhattan Bank, de las multinacionales Unilever, Shell, Exon, Fiat, Caterpillar, Coca Cola, Saint-Gobain, Gibbs, Hewlett-Packard, Cummins, Bechtel, Mitsubishi, Sumitono, Sony, Nippon Steel, etc., así como los mandatarios de varias Compañías públicas nacionalizadas de proyección multinacional. En definitiva, los mayores productores mundiales de petróleo, de acero, de automóviles, de radiotelevisión, y los principales grupos financieros del planeta estaban en manos de miembros activos de la recién creada Comisión Trilateral. Un tema central en su inicio fue "La distribución global del Poder".

La Comisión se articuló atendiendo a las tres regiones desarrolladas del globo para las que fue concebida, esto es, América del Norte (EEUU y Canadá), Europa y Japón. El órgano supremo trilateralista es el Comité Directivo Mundial, presidido por David Rockefeller e integrado por los presidentes, y los directores de cada una de las tres grandes zonas en que está implantada la organización. 

El emblema de la Comisión Trilateral consiste en un círculo periférico dividido en tres trazos de los que parten otras tantas flechas que convergen en un círculo interior significando la religión "humanista" del poder y del dinero.

La oligarquía financiera angloholandesa con sede en Londres y elementos sinarquistas aliados, entre ellos los infiltrados en el Opus Dei “católico” y los de la logia fascista Propaganda 2 (P–2), fueron los que dirigieron las actividades de los escuadrones de la muerte en Argentina para imponer políticas económicas librecambistas y desmantelar al Estado nacional soberano. La misma terna que instaló al fascista chileno Augusto Pinochet en el poder con el golpe de 1973 y que respaldó su represión fascista —los ex secretarios de Estado George Shultz y Henry Kissinger, y el financiero Félix Rohatyn, estuvieron en el centro de los acontecimientos que llevaron a la “guerra sucia” de los 1970 y 1980 en Argentina.

Según Robert Hill, ex embajador de EU en Argentina después del golpe de 1976, fue el propio Kissinger quien, en junio de 1976, le pidió al Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina “acabar con el problema” de la subversión, con la exigencia de que fuera “rápido”. El compinche de David Rockefeller y Kissinger que devino en Ministro de Economía de la junta militar de 1976–1983, el recluta británico José Martínez de Hoz, no sólo impuso las directrices económicas de la Universidad de Chicago, sino que apoyó la salvaje represión “antisubversiva”.

El presidente Néstor Kirchner el 24 de marzo del 2006, en un discurso en que rememoraba el 30 aniversario del golpe de 1976 dijo Martínez de Hoz representó a esos “poderosos intereses económicos” y al “nacionalismo ultramontano” que tocaron a “la puerta de los cuarteles” para exigir un golpe. Usaron el poder militar porque, “sólo así podían imponer un proyecto político y económico que remplazara al proceso de industrialización sustitutivo de importaciones por un nuevo modelo de valorización financiera y ajuste estructural”.

Es conocido que el “Brujo”, José López Rega pertenecía a la P–2, cuyo cabecilla Licio Gelli era un protegido del Opus Dei, el cual históricamente ha encubierto a una serie de elementos fascistas y sinarquistas que operan internacionalmente.

Gelli se vinculo con Juan Perón durante los últimos años de su exilio en España, y usó a López Rega, para ganar cada vez más influencia entre 1973 y 1976. Miembros de la P–2, como el almirante Emilio Massera, fueron colocados en ministerios clave de ambos gobiernos.

La red del Opus Dei y los agentes sinarquistas a los que estaba ligado López Rega, tanto en Europa como en las Américas, incluye a personajes tales como el fascista italiano Stefano Delle Chiaie, y diversos nazis y falangistas con antecedentes terroristas y participación en el derrocamiento de gobiernos. Era bien sabido que la AAA colaboró con la DINA de Augusto Pinochet, la policía secreta que precedió a la Operación Cóndor y con la que Delle Chiaie colaboró de manera estrecha.

Las agencias de inteligencia militar que infiltraron tanto a la derecha como a la izquierda en Argentina obviamente ayudaron a tramar los crímenes de la AAA. Pero esta clase de atrocidades de ningún modo comenzó con López Rega o el Gobierno de Isabel Perón. Agentes “católicos” antisemitas ligados al Opus Dei, junto con redes fascistas francesas y españolas, le habían actuado en círculos civiles y militares argentinos décadas antes.

Responsabilizaron a Isabel Perónpor las atrocidades que cometieron los escuadrones de la muerte en Argentina, las mismas comenzaron antes de que ella llegara a la presidencia, y continuaron luego del golpe militar que la derrocó.

Muchos de los dirigentes de clase media alta, bien educados, de los grupos guerrilleros izquierdistas de Argentina, entre ellos los Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), comenzaron como miembros del grupo “católico nacionalista” Tacuara, de inclinación nazi, cuyo consejero espiritual era el sacerdote fascista antisemita Julio Meinvielle. Más tarde se autoproclamaron como “marxistas” y “revolucionarios”. Así, a los sinarquistas de “izquierda” y “derecha”, de quienes combatieron unos contra otros a principios de los 1960, los parió la misma madre.

A fines de los 1950 y principios de los 1960, miembros de la Organización Ejército Secreto (OES) de Francia, la agrupación sinarquista que ideó la política de tortura y desapariciones que se aplicó en la guerra de Argelia en los 1950, y que en varias ocasiones trató de asesinar al presidente francés Charles de Gaulle, empezó a adiestrar al Ejército argentino en estas mismas tácticas “contrarrevolucionarias”. Por años, oficiales de la OES pasaron por el Colegio Superior de Guerra de Argentina, donde le dieron clases a toda una generación de oficiales militares, varios de los cuales se convirtieron en miembros de la junta que derrocó a Isabel en 1976. También hubo grupos de oficiales argentinos que viajaron a Francia para continuar su adiestramiento.

Se responsabiliza a Isabel Martinez de Perón de la notoria “Operación Independencia” de 1975, que la lucha antisubversiva en la provincia de Tucumán que se caracterizó por los arrestos indiscriminados, la tortura y los centros de detención clandestinos. Pero su principal arquitecto fue el brutal y sádico general Acdel Edgardo Vilas, quien se jactaba de dirigir un “gobierno paralelo” en Tucumán para dar vuelta a las normas que se establecieron tras aprobarse los tres decretos de 1975, que aseguraban que los acusados de actividades subversivas enfrentaran un juicio legal y gozaran de garantías constitucionales.

Fue el Opus Dei el que controló al régimen militar de 1966–1970 del general Juan Carlos Onganía, conocido como el “Franco argentino”, en cuyo Gobierno el secuestro y el asesinato devinieron en prácticas comunes. Su gabinete en gran medida lo integraban miembros del Opus Dei, así como de los cursillos de cristiandad integristas, fundados originalmente en la España de Franco, y la sinarquista Cité Catolique francesa, que también estableció células en las Fuerzas Armadas.

Es conocida la participación del Departamento de Estado de Estados Unidos, su embajada en Argentina, la Escuela de las Américas, una organización para instrucción militar del Ejército de los Estados Unidos situada en Fort Benning, en la localidad estadounidense de Columbus (Georgia). La escuela estuvo situada desde 1946 a 1984 en la Zona del Canal de Panamá. Se graduaron más de 60.000 militares y policías de hasta 23 países de América Latina, algunos de ellos de especial relevancia por sus crímenes contra la humanidad. 

Estos señalamientos nutren el presente de las cosas pasadas, sin los cuales no puede existir memoria, verdad y justicia.

Si memoria, verdad y justicia. Si, nunca más. 

No al sistema financiero monetario que planifico y ejecuto el 24 de marzo de 1976, que hoy regresa con Macri presidente y Barak Obama el nuevo enviado del imperio británico.

 
 
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