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Opinión. Por Alejandro Bercovich
Fuego amigo a discreción en la previa del festival de endeudamiento
04.03.16. Ni el más aventurado crítico de la gestión Cambiemos pudo vaticinar lo que se vivió esta semana, a menos de 90 días de su inicio: mientras el Presidente se congratulaba en el Congreso por el acuerdo alcanzado en Nueva York con los fondos buitre, y tras haber sacrificado reservas por más de u$s 1.500 millones en un mes, el Banco Central permitió que el dólar superase el récord de $16 que en octubre, poco antes de las elecciones, el mismísimo Alfonso Prat-Gay calificaba como un precio “de pánico”, al que sólo se podía llegar si el encargado de salir del control de cambios hacía “las cosas mal”. En el país con mayor circulante de billetes verdes per cápita fuera de Estados Unidos, las consecuencias políticas de la corrida no se hicieron esperar. Aunque jamás lo admitirían en público, los popes corporativos con acceso a los despachos oficiales empiezan a alarmarse por el fuego cruzado que sacude al equipo económico. Y si bien la mayoría aún confía en que la reapertura del grifo financiero externo aplaque todos los conflictos, cada vez son más los que dudan de que el bálsamo del crecimiento regrese antes de fin de año.
 
 

Todas las rencillas internas empezaron a supurar al mismo tiempo. Un viejo amigo de Prat-Gay como Javier González Fraga le colgó a Federico Sturzenegger el mote de “ortodoxo” y lo aleccionó por radio sobre cómo frenar la corrida cambiaria desde el Central, mientras en los dominios de Rogelio Frigerio se oyen cada vez más críticas contra la Secretaría de Comercio, a la que acusan de “querer bajar la inflación con una aplicación para celulares”. A los dardos venenosos de Carlos Melconian contra el “gradualista” Palacio de Hacienda, de los que esta columna viene dando cuenta desde el 8 de enero, se sumaron ahora los del Ministerio del Interior. Como el mandamás del Banco Nación con su socio en la consultora M&S, Rodolfo Santángelo, Frigerio apeló al jefe de su equipo de Economía & Regiones, Diego Giacomini, para que diga lo que él no puede. “Es como si un paciente va al oncólogo y le dicen: nos vamos a tomar 4 años para curarlo”, comparó.

 

La nueva dirigencia empresarial, de punta en blanco en la Asamblea Legislativa, felicitó al jefe de Hacienda por la negociación express de Park Avenue, sin dejar por ello de trasladar a precios preventivamente la segunda devaluación iniciada en enero ni de fustigar con el mismo ahínco el tarifazo eléctrico dispuesto por el Ministerio de Energía, al cual en la UIA ya se refieren como el “Ministerio del Petróleo” por el perfil de los colaboradores que eligió Juanjo Aranguren. La central fabril no se habría quejado con la vehemencia con la que lo hizo por la disparada de sus costos energéticos sin el guiño cómplice de Pancho Cabrera, en cuyo ministerio logró colar a un secretario, un subsecretario y un puñado de directores.

 

Cabrera, además, inauguró esta semana a pura sonrisa un Consejo de la Producción integrado entre otros por Daniel Novegil, el CEO de la misma Ternium Siderar que acaba de apagar uno de sus altos hornos y cuya gemela Tenaris Siderca (también de Techint) empezó a suspender obreros y amenaza con empezar a echarlos. La nave insignia de los Rocca hace agua por el bajón de la actividad petrolera pero también por la intención del primo de Macri, Angelo Calcaterra, de traer de China los tubos para el gasoducto troncal cordobés cuya licitación acaba de ganar.

 

La Gran Pugliese

 

Lo más llamativo no son las víctimas sino los victimarios. La corrida cambiaria no es fogoneada por los fondos buitre ni por especuladores enemigos del Gobierno, sino por los exportadores que retacearon sus liquidaciones pese a la deva con quita de retenciones que los hizo ganar como nunca y por los importadores que recibieron vía libre para retirar del puerto los embarques que hasta diciembre sólo cruzaban la Aduana de a cuentagotas, a veces lubricados por incentivos non sanctos. Uno y otro sector le respondieron con el bolsillo a un macrismo que les habló con el corazón y cumplió con todos los compromisos que asumió en campaña ante el establishment, incluso los que acrecentaron los conflictos en su propia coalición de gobierno.

 

Con la ola de despidos ocurre algo parecido. El ejército de nuevos desocupados no sólo es alimentado por el Estado sino también por firmas como ArZinc, que anunció esta semana su cierre en Santa Fe por falta de fondos para reparar un horno pese a que pertenece a Glencore-Xstrata, el mismo consorcio que administra la mina Bajo La Alumbrera, una de las mayores beneficiarias de la quita de retenciones al sector que ya venía recibiendo un trato impositivo privilegiado del kirchnerismo. Hoy el Presidente empezará a sufrir en carne propia los coletazos de esas agrias desvinculaciones, cuando inaugure una nueva línea de producción de Toyota en Zárate a la que prometen asistir también, aunque sin invitación, los 600 vecinos cesanteados por Nucleoeléctrica Argentina (NASA) en el complejo Atucha.

 

Abocado a cuidar la gobernabilidad y consciente de que la aprobación en el Congreso de las leyes exigidas por el juez Thomas Griesa y los buitres es un asunto vital para Macri, Rogelio Frigerio ya saldó la mitad de los $ 8.000 millones que Julio De Vido había dejado debiendo a las provincias en certificados de obra pública, lo cual debería ayudar a revertir parte de los 34.000 despidos que denunció la UOCRA en el rubro e incentivar a la vez a los senadores por esos distritos a acompañar al oficialismo en su recinto más esquivo. Los gobernadores peronistas ladran en público pero en privado no muerden: todos enviaron a sus ministros a la reunión que convocó Frigerio esta semana para pactar el pago de la otra mitad y empezar a discutir el financiamiento de obras nuevas.

 

Frigerio cuenta con otra carnada para convencer a los senadores que le faltan antes de que Barack Obama aterrice en Buenos Aires: el propio abaratamiento del financiamiento que tendrán las provincias una vez que se deroguen las leyes Cerrojo y de Pago Soberano. El entrerriano Gustavo Bordet es uno de los más entusiasmados ante esa perspectiva, que aliviará a la vez el drenaje de reservas del Banco Central. El puntapié inicial del festival de deuda, sin embargo, lo dará la Nación con los u$s 20.000 millones que saldrá a pedir prestados para cumplir con los holdouts y los holdins, cuyos cobros bloqueó Griesa dos años atrás. Será, como bien destacó el Financial Times, la mayor emisión de deuda emergente en 20 años. ¿Costará menos del 5% anual? Difícilmente.

 

Puente aéreo

 

En Aerolíneas Argentinas, en tanto, asoma larvado el próximo gran conflicto sindical de alcance nacional al margen de una ronda de paritarias donde nadie se conformará con menos del 35% que obtuvieron los maestros. Su titular, Isela Costantini, admitió ante representantes de dos gremios aeronáuticos que ya llevó tres proyectos de ajuste distintos a su superior directo, el vicejefe de Gabinete Gustavo Lopetegui, y que la respuesta fue siempre la misma: “Hay que recortar más”.

 

Las rutas a Madrid, Barcelona y Nueva York son el eje de la discusión al interior de un gobierno que quiere achicar como sea el déficit de un millón de dólares diarios que genera la compañía estatal. Como anticipo del ajuste que se concretaría en cuestión de días, y que involucraría a más de 2.000 empleados, esta semana llegó el levantamiento de la ruta a Brasilia y del vuelo Córdoba-Miami. Este último no era tan poco rentable al menos para American Airlines, que anunció al día siguiente que empezaría a ofrecerlo.

 

Pero el conflicto de intereses entre la influencia de Lopetegui sobre Aerolíneas y su rol previo como CEO de su competidora Lan se hizo patente en otra decisión: la autorización que extendió a Lan Perú para empezar a volar las rutas Mendoza-Lima, Salta-Lima y Rosario-Lima. Como Lima es un gran hub regional, con muchos más vuelos hacia el resto del mundo que Ezeiza por su ubicación geográfica, lo más probable es que los mendocinos, salteños y santafesinos opten por una escala allí en vez de un paso por Buenos Aires. Una trasferencia de pasajeros que agravará a su vez el déficit de la línea de bandera y justificará ulteriores achiques.

 

El golpe de gracia contra Aerolíneas, de todos modos, podría no darlo la chilena Lan: la centroamericana Avianca-Taca se frota las manos para entrar también al mercado de cabotaje local y ya cotizó varias alternativas. Una de ellas es comprar Austral y la otra es quedarse con una línea local casi ignota llamada MacAir Jet. Las primeras tres letras de su nombre aluden al apellido del fundador de SIDECO, su grupo controlante: Macri.

 

BAE
 
 
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