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Opinión. Scioli secreto
“Ningún gobernador bonaerense llegó porque todos se pelearon con el presidente”
20.08.15. Pablo Ibáñez, biógrafo y coautor junto a Walter Schmidt del libro Scioli Secreto. Allí se cuenta la obsesión de Scioli con la fama, con ser popular.
 
 

Hijo de la burguesía comercial mercadointernista argentina, Scioli fue un joven cheto y despolitizado en los setenta; un deportista farandulero con novia modelo en los ochenta y un sobreviviente que se repuso a su trágico accidente y decidió meterse en política en los noventa. ¿Pero quién es verdaderamente Daniel Scioli? ¿Qué es? ¿Lo que dice, lo que hace?

 

Santiago Costa entrevistó a Pablo Ibáñez, biógrafo y coautor junto a Walter Schmidt del libro Scioli Secreto. Allí se cuenta la obsesión de Scioli con la fama, con ser “popular”, al punto de transformar un deporte de élite como el off-shore, en un fenómeno televisivo y orgullo nacional argentino. Allí se ve la importancia de Romay y Canal 9 en la creación de la “marca Scioli”. El libro explora como su origen empresario lo liga a la noción de consumo, como su costado deportista se traduce en valores como la tenacidad, la resistencia, la competencia y la búsqueda de nuevos desafíos que aplica a la política. El costado poco conocido del Scioli ajedrecista se mezcla con una pasión por la “cultura popular” entendida en clave de farándula criolla.

 

Su ingreso a la política de la mano de Carlos Menem (en plena transformación de los partidos políticos e impacto de la TV, donde la imagen de un candidato es un activo invalorable) lo muestra como un rápido aprendiz de sus distintos maestros: Menem, Duhalde, Kirchner. A todos demostró una inquebrantable lealtad acompañándolos incluso hasta adentro del cementerio: a Menem visitó en prisión y jamás habló mal de él, a pesar de enfrentarlo en elecciones. Con Duhalde siempre mantuvo diálogo, aún después de optar por Kirchner en 2005. A Néstor lo acompañó incluso después de la crisis por la 125 cuando tantos dirigentes peronistas “se dieron vuelta”, aún en las candidaturas testimoniales de 2009.

 

dos

 

ABC en Línea (ABC): Muchos ven en Scioli no a un outsider de la política, sino casi a un iletrado. En el libro vos decís que en la “biblioteca” Scioli hace deporte. Sin embargo, tenés a un tipo forjado en la adversidad física, acostumbrado a tolerar la presión del dolor de un miembro fantasma y apasionado del ajedrez, que sabemos desarrolla la estrategia. ¿Ves en la postura pasiva de Scioli y su templanza a un estratega?

Pablo Ibáñez (PI): Scioli no es un intelectual y no le importa serlo. Prefiere escuchar a leer y es un obsesivo de la síntesis. El papa Francisco le recomendó un libro y él pidió que le hagan un resumen. Hay, quizá por su carácter de deportista y porque nunca tuvo una relación ni familiar ni personal con lo intelectual –en el sentido clásico, al menos- un rasgo físico en su conducta, y en la política lo ha expresado: el sentido de la resistencia, cuando por caso atravesó momentos durísimos con los Kirchner. De ahí su disciplina para no pegar el portazo y aguantarse, por entender que su instrumento electoral para llegar al presidente era el FPV, es la conducta de un competidor. Su pasividad ha sido una mezcla de sumisión a sus jefes y, a la vez, una estrategia.

 

ABC: ¿Cómo crees que se desarrolla la dialéctica entre el entorno político de Scioli (su equipo de funcionarios más cercanos) y el “grupo de fin de semana”, esa mezcla de jet set y empresarios frontalmente antikirchneristas? ¿Unos pertenecen al ámbito de lo público y otros de lo privado y eso no se mezcla, o puede el “grupo de fin de semana” influir en decisiones políticas?

PI: En el libro que escribimos con Walter Schmidt hacemos esa distinción: hay un sciolismo weekend y un sciolismo político que rara vez se juntan. Scioli tiene muy diversificado esos espacios aunque, a esta altura, es un político full time pero a la hora de tomar decisiones políticas se recuesta en sus laderos políticos. Por caso, sus amigos y su familia fueron una usina crítica ante los malos modos que supo usar Cristina con él y hasta le sugerían romper, pero él se recostó sobre su grupo político y se mantuvo dentro.

 

La historia de Scioli está cruzada por un deseo de popularidad, de ser querido. Cuando ingresó en la política lo entendió del mismo modo, pensando desde el primer instante en la idea de llegar al punto más alto de esa competencia

ABC: Scioli escucha mucho a Duhalde y otros dirigentes políticos, pero dice una frase que reza “con mi culo son todos putos”. ¿Hasta dónde es influenciable por los distintos consiglieris de la política?

PI: Scioli escucha a muchos. De Corach a Samid, de Lula Da Silva a Amado Boudou, pero suele buscar, además de consejos, argumentos y visiones externas que confirmen su posturas. Es influenciable, pero también es obstinado.

 

ABC: Vos contás que, como hijos de una misma generación de la gran burguesía argentina, tanto Scioli como Macri y De Nárvaez se conocen y tienen amistad desde los noventa. Sin embargo, los tres tienen recorridos políticos disímiles por no decir antagónicos. ¿Cómo ves vos que desde un mismo punto de partida se pueda tener recorridos tan distintos, hay un aprendizaje y una evolución allí?

PI: Si, son compinches de los ´90, se conocen hace muchos años y mantienen una relación cordial. El dato más atípico en ese sentido es Macri, que a diferencia de Scioli y De Narváez que antes o después se acoplaron al peronismo, decidió aventurarse en un armado político apolítico o, si se quiere, no ideológico. Es complejo definirlo pero tiendo a creer que hubo, por un lado, la idea de entender como mejor instrumento de poder al peronismo y por otro, con Macri (que nunca tuvo jefe salvo su padre) la pretensión de ser su propio jefe.

 

ABC: La mayoría de los biógrafos coinciden en marcar algo en común de los grandes dirigentes políticos: son una esponja que aprenden constantemente, reteniendo información con una memoria prodigiosa que les permite manejar temas complejos de forma simple y articular discurso, sintetizar. ¿Ves esa característica en Scioli, aún despojada de ribetes intelectuales?

PI: Si, sus colaboradores lo repiten: tienen capacidad de aprendizaje y poder de síntesis. Y hay, además, una dosis importante de intuición.

 

ABC: ¿Cómo influye la ambición y la necesidad de desafíos del Scioli deportista, su valentía en relación a la adrenalina de la velocidad, su pasión por el ajedrez en su método de conducción?

PI: La historia de Scioli está cruzada por un deseo de popularidad, de ser querido. Intentó con varios deportes hasta llegar a la motonáutica y cuando ingresó en la política lo entendió del mismo modo y ahí sí, con un rasgo deportivo, pensando desde el primer instante en la idea de llegar al punto más alto de esa competencia, la presidencia.

 

El sciolismo no es un espacio político clásico, no tiene intendentes y diputados, pero tiene una estructura a esta altura bastante amplia de funcionarios

ABC: Muchos hacen la comparación de Karina con Claire Underwood de House of Cards. Sabiendo que Scioli es un ajedrecista que sabe el valor de una reina, ¿Cómo ves el rol político de Karina hoy y en el futuro?

PI: Si, Karina tiene un rol actual y seguro lo tendrá, eventualmente, en el futuro. Es, fuera del propio Scioli, la mejor vocera de Scioli. Karina le aporta una dosis de calidez y cercanía a un Scioli que es acartonado y frío. Lo niegan y lo negarán pero como en toda sociedad matrimonial política en algún momento Karina puede convertirse en candidata.

 

ABC: Teniendo en cuenta que el sciolismo no pasa de 20 funcionarios de primera línea y que Scioli construyó una gran relación con los gobernadores peronistas y seguramente les pida funcionarios de nivel de sus provincias: ¿Crees que fue eso, amén de las encuestas, lo que podría romper la famosa “maldición bonaerense” de que nunca un gobernador haya llegado a la Rosada?

PI: El sciolismo no es un espacio político clásico, no tiene intendentes y diputados, pero tiene una estructura a esta altura bastante amplia de funcionarios. Así y todo, Scioli va a integrar a otros actores de peronismo. Sobre la maldición, Scioli usa una respuesta bien simple: ningún gobernador bonaerense llegó porque todos se pelearon con el presidente. Por eso, entre otras cosas, él no se peleó con los Kirchner.

 

ABC: Se podría decir que Scioli llegó tarde al menemismo y llegó tarde al duhaldismo. Estuvo en Anillaco en la elección del ´99, acompañó a Rodríguez Saá desde Chapadmalal hasta San Luis a presentar la renuncia. ¿Cómo se entiende esta lealtad de entrar al cementerio y salir indemne?

PI: Creo que ahí hay una gran interpretación de los ánimos: fíjate que Scioli no oculta su pasado, no niega ninguna relación política del pasado, lo contrario a lo que suele ocurrir en política donde muchas veces se termina cuestionando ferozmente a quien un tiempo atrás se vanagloriaba. Eso opera como un anticuerpo.

 

ABC: ¿Crees que Scioli habló con Massa en 2013 tentado a pegar el salto por el destrato relacionado con el ahogamiento financiero de Nación, evidenciado en el conflicto por el aguinaldo de los estatales y la paritaria docente, o “usó” a Massa como factor externo para tensar la cuerda con la Rosada y lograr mayor margen de negociación electoral, algo que finalmente no consiguió?

PI: Es un mix de esas y otras cuestiones. La tentación, el riesgo de un posterior castigo, el peso de gobernar la provincia -lo de la maldición y la pelea con los presidentes- fueron una serie de elementos que se combinaron para que negocie y para que luego dé marcha atrás. La sensación es que prácticamente en todo momento, aún cuando avanzó la negociación, Scioli pensaba en no cerrar.

 

Scioli no oculta su pasado, no niega ninguna relación política del pasado

ABC: Ustedes cuentan en el libro el período de Scioli desde que es electo vice hasta que Kirchner lo disciplina. Sus contactos con empresarios, sus viajes al exterior, sus declaraciones públicas antagónicas al presidente en temas sensibles (D.D.H.H., tarifas). Algunos cuando leyeron el libro dijeron: “ese es el verdadero Scioli, el Scioli suelto”. ¿Ustedes creen que esa es “la esencia” de Scioli o ven una evolución desde ese 2003 hacia acá?

PI: Particularmente creo que Scioli aprendió y palpó por donde van determinados aspectos, diferentes a lo que ocurría en 2003. En el momento en que lo hizo, Kirchner era un presidente débil y hubo cierto desafío. Puede haber algo de aquella esencia pero el tiempo es otro y Scioli parece ser otro.

 

ABC: Ustedes cuentan el feroz disciplinamiento, alimentado en la desconfianza, que Kirchner le impuso a Scioli, que implicó un silencio de radio, vacío político y aislamiento del resto de los funcionarios. También como el único canal orgánico de Scioli fue Alberto Fernández y como logró “inventarse trabajo” con SenadoTV y los Premios Sarmiento. ¿Creen que Scioli sabe cómo tratar a un vice rebelde o los verdaderos márgenes de acción de un vice, pensando en un choque con Zannini?

PI: Hasta ahora ha tratado con vices rebeldes y, con el tiempo, logró sino disciplinarlos, al menos ponerlos de su lado. Puede, además, tener otra ventaja: Scioli conoce el Senado y conoce el rol de vice, por lo tanto podría detectar, en caso que ganen, con cierta facilidad si Zannini está jugando mal.

 

ABC: ¿Creen que con todas estas actas-compromiso en inversiones que Scioli firma en las provincias replican el modelo de los acuerdos de reparación histórica que firmó Kirchner en su momento?

PI: No, en el sentido clásico. Sí da la impresión que Scioli, como eventual presidente, sería menos centralizador que otros presidentes.

 

Scioli conoce el Senado y conoce el rol de vice, por lo tanto podría detectar, en caso que ganen, con cierta facilidad si Zannini está jugando mal

ABC: Mora y Araujo supo decir que la diferencia entre Macri y Scioli en relación a los empresarios es que el primero se siente más cómodo con los “grandes” mientras que Scioli tiene una visión más PyME. ¿Se puede hablar de un representante de la burguesía nacional mercadointernista?

PI: “Manolo” Mora fue uno de los primeros que lo asesoró a Scioli, en los ´90. Lo conoce hace mucho. Es una traslación del volumen de las empresas familiares de cada uno pero ambos pueden entrar en esa calificación.

 

ABC: A Scioli le “impusieron” de vice a Balestrini y a Mariotto y a los dos los sedujo al punto de lograr una excelente relación personal y política. ¿Cree que suceda eso con Zannini?

PI: No creo que dependa de voluntades personales. Zannini es Cristina y no creo que deje de ser Cristina. Podrán tener una relación cordial o no confrontar pero no creo que se repita, por caso, lo de Mariotto.

 

ABC: Scioli tuvo una gestión gris en PBA, producto tal vez del desfinanciamiento estructural derivado de la injusta coparticipación federal. Sin embargo supo subir los impuestos al juego, telefonía y al inmobiliario rural, medida que le costó la toma de la Legislatura por parte de Biolcati y la Mesa de Enlace. ¿Puede decirse que Scioli aprendió a gestionar en la adversidad financiera y no duda en financiar al estado, soportando presiones sectoriales, aún sin tanta alharaca ideológica?

PI: Scioli es negociador y acuerdista. Cierta variación impositiva al campo generó tensiones a pesar de que no fue un negocio directo. Los otros rubros no han generado tensión extrema. Gobierna desfinanciado, o asistido de emergencia, y claramente los modos son otros.

 

ABC: ¿Cómo evalúas el rol de Lautaro Mauro, que es parte del antikirchnerista círculo privado de los fines de semana, pero que también participa de funciones políticas?

PI: Es una figura que está muy cerca de Scioli.

 

Scioli es, a esta altura, no sólo un profesional de la comunicación política sino también un profesional de la política

ABC: Ustedes plantean que el Scioli público es una construcción, casi al modo de un “personaje” televisivo que repite un mantra en forma natural, luego perfeccionado por el asesor norteamericano Carville, pero que ello obedece a una estrategia política, que traduce imagen en votos, y no ideológica. ¿El Scioli secreto es el futbolero calentón, obsesivo con la comida, hiperquinético y ansioso y no el personaje zen? ¿No es una dicotomía en clave ideológica?

PI: Puede ser. Uno es cómo se comporta en la cancha decía un amigo. Pero también son planos distintos y Scioli es, a esta altura, no sólo un profesional de la comunicación política sino también un profesional de la política.

 

ABC: En plan de gobierno ustedes ven al hijo de Casa Scioli, un tipo criado como gran comerciante mercadointernista que no propone paralizar la demanda-consumo para bajar la inflación sino fomentar la inversión. ¿Se podría decir que estamos en presencia, no de un representante pero si de un interlocutor de la semiextinta burguesía nacional?

PI: En ese aspecto, Scioli aparece como un continuista de lo que ha hecho el kirchnerismo en estos años en materia de consumo y mercado interno.

 

ABC: Ustedes cuentan que Scioli es un admirador de Brasil y su sistema de aparcería, de inversión mixta público-privada. ¿Lo ven tomando deuda para realizar infraestructura en transporte y energía, desarrollando la minería?

PI: Sí, la aparcería es un factor que repite Scioli, lo plantea como un punto intermedio entre el estatismo y la ausencia del Estado. Es teoría, claro. La práctica es mucho más compleja. Sobre todo porque pone como prioridad justamente eso: salir a buscar inversiones y a conseguir divisas, lo cual seguramente implicará establecer algunas reglas y condiciones que hoy no existen. El mercado no se maneja por voluntarismo.

ABC EN LINEA
 
 
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