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Opinión. Álvaro García Linera
" El socialismo comunitario del Vivir Bien"
15.08.15. No es novedad plantear que hace más de una década se vienen dando en Latinoamérica una serie de transformaciones en la propia fisonomía del continente. Pero esto no ha sido casual, no se produjeron estas modificaciones de la noche a la mañana, así como si nada. Para que nuestro continente empiece a “hacer ruido”, parafraseando al Papa Francisco, para que comience a tomar un rol protagónico en este nuevo siglo, tuvieron que suceder una serie de movimientos y cambios que fueron (y son) impulsados por gobiernos de carácter nacional y popular, que demostraron entender muy bien a las mayorías sociales. Es el caso de la Venezuela de Hugo Chávez, el Brasil de Lula, la Argentina de Néstor y Cristina, la Bolivia del primer presidente Aymara, Evo Morales, o el caso de Rafael Correa en Ecuador.
 
 

Tarea no muy sencilla que tuvieron estos personajes que se han ganado un lugar en la historia, ya la guerra fría había caído junto al muro de Berlín y el neoliberalismo había logrado perpetrar culturalmente en las sociedades, a la vez que silenciosamente estaba destruyendo a la propia sociedad con el desempleo, el hambre y la miseria.

 

Además de la importancia que tuvieron estos gobiernos en sacar a sus respectivos países de la crisis económica y social en la que fueron sumergidos por las políticas de la doctrina neoliberal de los gobiernos antipopulares que estaban al servicio de los intereses de las grandes potencias y los organismos internacionales, también tienen el mérito de haber revalorizado la política, de la única forma que es posible, poniéndola como herramienta de transformación al servicio de las mayorías, de las masas sociales, del pueblo.

 

Ciertamente, esta tarea no es nada sencilla, se tuvo que conformar una identidad política que sea capaz de interpelar conflictivamente a la mayoría de la sociedad mediante medidas concretas, materiales y simbólicas (por ejemplo recuperación de puestos de empleo, Asignación Universal por Hijo en Argentina, Bono Juancito Pinto o Juana Azurduy en Bolivia, el “Yankee go home” de Chávez, etc).

 

Este es el punto en donde creo que es importante hacer hincapié, y donde la experiencia boliviana hace un gran aporte en estas nuevas formas delcomprender y el hacer de la política -por eso mismo se entiende que los procesos que está viviendo cada país de la región por separado, y el proceso que están transitando como conjunto, son procesos únicos, que no tienen antecedente en la historia, que se hace y deshace constantemente al andar, con el día a día-.

 

Un aporte más que interesante en esta cuestión es el que hace el vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia en su libro Las tensiones creativas de la revolución, la quinta fase del proceso de cambio en Bolivia. En dicho libro, va describiendo el proceso boliviano desde lo que fue la “la guerra del agua” como parte de la primera fase del proceso revolucionario, el “develamiento de la crisis de Estado”. En dicha fase, se pusieron en jaque tanto a las instituciones como a las ideas-fuerza de la hegemonía neoliberal, por medio de movilizaciones y el bloqueo de carreteras por más de 20 días. La segunda fase del proceso, según García Linera, es la del “empate catastrófico”, donde dos bloques distintos en su composición y en su capacidad de movilización, se disputaban el orden estatal paralizando la reproducción de la dominación hegemónica. Es decir, que existía un empate entre ambos proyectos de sociedad, y que además era catastrófico por su irresolución.

 

La tercera fase es la que denomina como la “capacidad de movilización convertida en presencia estatal gubernamental”, donde el orden neoliberal que hasta ese momento había sido el hegemónico se rompió, se destruyó, y no solamente eso, sino que también se invirtió, ahora los dominados hegemonizaban la sociedad, su sentido común, fue el momento donde por primera vez un campesino, trabajador y aymara, fue presidente, y es el momento donde reside una tensión entre el gobierno controlado por las clases populares, representadas por los movimientos sociales, y el poder de Estado, controlado por las clases económicamente dominantes aún.

 

La cuarta fase es “el punto de bifurcación o momento jacobino de la revolución”, es el momento en que los bloques antagónicos, los proyectos irreconciliables de sociedad, deben dirimir su existencia de manera abierta, desnuda, a través de la medición de fuerzas, la confrontación. En esta fase, el resultado de esa tensión podía ser, o el poder era retomado por las antiguas fuerzas neoliberales, o era asumido por el nuevo bloque de poder, no había puntos intermedios, ni grises, la sociedad se paraba de un lado, o se paraba del otro. Este era el momento donde se tenía que consagrar la unicidad del poder.

 

Pero lo que es realmente interesante es la quinta fase del proceso revolucionario, “la emergencia de las contradicciones creativas”. Voy a enumerar cada una de estas contradicciones, pero me voy a concentrar en desarrollar la última, la cual es la que a mi entender es uno de los mayores aportes para estos nuevos tiempos, donde se discuten modelos de economía y de sociedad, la contradicción entre el capitalismo de Estado y el socialismo del vivir bien.

 

La primera tensión es la relación entre el Estado y los movimientos sociales, es decir la tensión entre la concentración de decisiones, el monopolio de la cohesión, la administración de lo público-estatal, y la democratización de decisiones, la amplia y continua socialización de deliberaciones y decisiones sobre asuntos comunes, etc.

 

La segunda tensión es la flexibilidad hegemónica frente a la firmeza en el núcleo social. Esto es la que se da entre la incorporación creciente de sectores heterogéneos y la necesidad de garantizar la conducción indígena, campesina, obrera y popular del movimiento.

 

La tercera tensión es la que se da entre los intereses generales frente a intereses particulares y privados. Es decir, entre los intereses comunes del conjunto de la sociedad, frente a los intereses corporativos de lo que puede ser por ejemplo un sindicato.

 

Llegamos a la cuarta y última tensión (y en la que más nos interesa): El socialismo comunitario del Vivir Bien.

 

Esta última tensión es la que impulsa la contradicción creativa entre la necesidad y la voluntad de industrialización de las materias primas, y la necesidad imprescindible del Vivir Bien, entendido como la práctica de vivir armónicamente con la naturaleza que nos rodea, priorizando la vida humana a futuro. Esto es poner al hombre en el centro de la escena, en contraposición con la lógica del sistema capitalista hegemónico en el mundo que pone en el centro de la escena, la ganancia, la mercancía y que va destruyendo nuestra “casa común”, nuestra naturaleza, en fin, el planeta tierra.

 

En este sentido Linera hace una distinción entre el modelo económico, político y social de los capitalismos de Estado característicos de mediados del siglo XX y el modelo del socialismo comunitario del Vivir bien. En este sentido, retomando a Marx, Linera plantea que a diferencia de estos Estados capitalistas de mediados del siglo XX que se caracterizaron (en su mayoría) por utilizar a las empresas estatales para el beneficio de ciertos grupos particulares, “de una clase burocrática que usufructuó personalmente de esos ingresos y los transfirió a otros sectores empresariales…”, es decir, el valor de cambio, mientras que, por el contrario, el proceso de industrialización planteado por el Estado Plurinacional plantea, en primer lugar, generar un tipo de valor, que no se acumula privadamente, ni se usufructúa dispendiosamente de manera privada. Pero, además, el Estado Plurinacional que distribuye la riquezaacumulada entre todos los sectores sociales, prioriza el valor de uso.

 

Esto implica poner la satisfacción de necesidades comunes por sobre el lucro y la ganancia  particular, lo común por sobre lo individual. También es garantizar la soberanía alimentaria como principio social, garantizar la primacía del valor del esfuerzo y el trabajo de cada hombre frente a la estafa del lucro privado mediante el trabajo y sacrificio ajeno.

 

El comunitarismo del Vivir Bien  se propone industrializar “sin destruir el fondo estructural del entorno natural-social de la vida, preservar las capacidades naturales para las futuras generaciones, pero a la vez producir riqueza para satisfacer las necesidades materiales insatisfechas de la población, esa es la tensión…”. Es decir, industrialización no como proceso de enriquecimiento personal de ciertos empresarios, sino a partir del interés común de satisfacer las necesidades materialmente insatisfechas de la sociedad, manteniendo una relación respetuosa y armónica entre la sociedad y la naturaleza, garantizando la vida de las futuras generaciones. Porque, como dice Linera, “la inclinación hacia el industrialismo desbocado lleva a la reproducción de la dinámica depredadora y a la conversión de las fuerzas productivas en fuerzas destructivas de la sociedad y de toda la naturaleza…”.

 

Linera dice que “el sistema capitalista es suicida”, y cabe ir formulando nuevos modelos alternativos de sociedad que convivan armoniosamente con el medioambiente. En este sentido, es sumamente importante la experiencia boliviana como faro que sirva de guía para modelos económicos y sociales más humanos.

 

En sintonía con esto, es importante la tarea que se viene desarrollando, en nuestro país, desde la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), particularmente como forma de organización de los trabajadores, que la economía no-popular no ha podido darle respuesta y los ha dejado excluidos, como así también la imperiosa importancia del concepto de economía popular como una forma alternativa de economía frente a la economía capitalista de mercado.

 

 
 
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