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Opinión. Dossier
Kirchnerismo y política exterior. Una semblanza posible
12.08.15. La política exterior de un país no es más que la proyección internacional de las políticas públicas domésticas. Desde hace 12 años el gobierno argentino ha desarrollado un conjunto de políticas públicas tendientes a la autonomía económica, la justicia social y la autodeterminación política. Esta es la semblanza nacional que se exterioriza en acuerdos con otros países que aspiran a convertirse en políticas de Estado duraderas en el futuro.
 
 

Se puede decir que la nueva política internacional argentina se fundó en noviembre del 2005, cuando el presidente Néstor Kirchner, anfitrión de la IV Cumbre de las Américas, cuestionó primero y rechazó luego la participación de la Argentina en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Junto a los países del MERCOSUR (Brasil, Uruguay y Paraguay) y Venezuela se detuvo el proyecto de crear una zona de libre comercio hemisférica a la cabeza de Estados Unidos. A partir de allí, con la reformulación de un MERCOSUR más político, con la creación de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), se sellaron los tres círculos concéntricos más importantes de la diplomacia argentina. Mientras tanto operaron en el continente dos tipos de política de acuerdo al destinatario: Estados Unidos volvió por sus fueros en lo que siempre consideró su “patio trasero” firmando Tratados de Libre Comercio y auspiciando la conformación de la Alianza del Pacífico entre los países andinos cuyo común denominador es el extractivismo y la primarización económica. De esta manera, la Alianza del Pacífico se consolida como la contrafigura del MERCOSUR. A su vez, Estados Unidos ha procurado quebrar el nudo gordiano del MERCOSUR atrayendo a los socios menores, en términos económicos y demográficos, con Tratados de Libre Comercio.

 

Al mismo tiempo, los países miembros de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se acercaron a los países latinoamericanos, sobre todo a los de la costa atlántica, los de mayor peso económico y demográfico. La resultante fue la primera reunión UNASUR-BRICS en Brasil. Pero también, fundamentalmente, los acuerdos que la Argentina ha firmado con Rusia y China la colocan en una posición de relevancia internacional que el país no ostentaba, por lo menos, desde fines de la década del ’40.

 

La caracterización política de ambos países (Rusia y China) no ha dejado de ser motivo de debate. No obstante, más allá de algunas críticas sobre el lugar al que Argentina accede en estas relaciones con estos gigantes asiáticos (criticas, por demás, enunciadas desde los mismos espacios que décadas atrás promovían las “relaciones carnales”), las relaciones con China y Rusia, sumado a la creación de estructuras grannacionales como la UNASUR y la CELAC constituyen la adecuación de la Argentina a la configuración de la Multipolaridad, el fenómeno político internacional más importante del siglo XXI. La Multipolaridad es la condición de posibilidad del desarrollo de los denominados países emergentes y por eso es necesario que esos mismos países la profundicen estrechando cada vez más vínculos entre sí. Sobre todo en este momento, luego de las muertes de dos de los líderes regionales más importantes, como fueran Néstor Kirchner y Hugo Chávez, luego de la crisis financiera del 2008 que ahora las potencias occidentales quieren exportar a los países emergentes (a través de dos mecanismos complementarios: apreciación del dólar en un 12% y caída de los commodities como el petróleo y la soja), y luego de la reconfiguración de la política de Estados Unidos para América Latina manifestada en la apertura de relaciones con Cuba y el ajuste político sobre Venezuela.

 

Ofrecemos a continuación un compilado de cinco discursos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que delinean la política internacional de su gobierno y de las políticas públicas que como Estado se vienen desarrollando desde el 2003. Este primer semestre del año, la presidenta visitó cuatro países: China, Panamá (donde asistió a la VII Cumbre de las Américas), Rusia e Italia (donde se entrevistó con el Papa Francisco). Los discursos de China y Rusia tuvieron como contexto la firma de acuerdos y como contenido una agenda política con temas comunes: la elaboración de una nueva matriz energética para el país, el crecimiento de una Argentina exportadora con valor agregado y la necesidad de una nueva reconfiguración geopolítica global.

 

En primer lugar presentamos el discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en ocasión al acto de Firmas de Acuerdos con la República Popular China. El objetivo de este viaje consistió en profundizar la relación estratégica que se viene desarrollando desde 2004 a partir de las presidencias de Néstor Kirchner y Hu Jintao. Tanto con Rusia como con China, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner firmó acuerdos que elevan la relación bilateral a la categoría de Alianza Estratégica Integral. Esto significa apoyos políticos compartidos de China hacia la Argentina respecto a la soberanía sobre las islas Malvinas, de Argentina hacia China respecto al reconocimiento de una sola China y otros temas que ambos países han defendido en común en los foros internacionales, entre ellos la reforma del Consejo de Seguridad, órgano más importante de la ONU. En este sentido, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner argumentó que la seguridad no es solamente un concepto militar, sino también y fundamentalmente, un concepto económico y social. En esto, China comparte la posición argentina. Esta Alianza Estratégica Integral incluye inversión para las represas Kirchner y Cepernic, el financiamiento para el Belgrano Cargas (principal ferrocarril de transporte de cargas en la Argentina), el Sarmiento, el San Martín, el Roca; incorporación de la señal televisiva estatal china en la grilla argentina; acuerdos en materia de cooperación y construcción de las IV y V usinas nucleares de la Argentina; y también acuerdos en materia espacial.

 

Hemos decidido incorporar dentro de esta sección las palabras con las que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner recibiera a un nutrido grupo de intelectuales que asistieron al “Foro por la Emancipación y la Igualdad” organizado por el Ministerio de Cultura porque advertimos que allí, se presenta un diagnóstico general de la política internacional. Y comienza justamente definiendo cuál es la crisis de nuestra época: “creo que una de las más graves crisis que estamos atravesando, tal vez, sea la crisis de las ideas”. Justamente, el problema radica en que, durante la modernidad se caracterizó por ser una época de confrontación de ideas, pero a partir del atentado a las Torres Gemelas, estamos ante un fenómeno nuevo que es inexplicable a partir de las ideas y solamente entendible desde la religión o desde las creencias. De aquí que concluya que hace falta todavía una teoría del momento histórico que estamos viviendo.

 

En el discurso de la Cumbre de las Américas, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ofreció su respaldo al gobierno cubano de Raúl Castro, al gobierno venezolano de Nicolás Maduro y al gobierno colombiano de Juan Manuel Santos a quien felicitó por los avances en los diálogos de paz que se realizan en La Habana. A Castro porque consideró que la apertura de las relaciones con Estados Unidos es una victoria del pueblo cubano “porque luchó por más de 60 años con una dignidad sin precedentes”. Se solidarizó con el gobierno de Maduro, tomando la Orden Ejecutiva del gobierno de Estados Unidos de “ridícula”. También llamó la atención la premura con que Estados Unidos declaró a Venezuela como una amenaza mientras el Reino Unido hacía lo mismo con la Argentina respecto al diferendo sobre Malvinas sugiriendo implícitamente que existe en ambas Ordenes Ejecutivas una causa común. Con respecto al discurso de Santos, se refirió a la lucha contra el narcotráfico, que “puede convertir a Estados de esta región, en Estados fallidos”. Y pidió un sinceramiento: “si realmente no se aborda la droga desde el problema de los países consumidores, porque tenemos que decir también la verdad, los países donde se produce no es mayormente donde se consume” dejando en claro que no son los países “pobres” ni emergentes los que lavan el dinero del narcotráfico ni los que se quedan con la droga.

 

También dedicó una parte de su discurso para referirse a lo dicho por el presidente Obama respecto a la importancia de la Historia en la política. Puesto que la Historia muestra la sucesión de interferencias que Estados Unidos produjo en América Latina contra gobiernos democráticos, siendo los casos de Salvador Allende y de Jacobo Árbenz los casos más emblemáticos. Pero esas interferencias a veces eran tercerizadas a través de las Fuerzas Armadas de cada país y hoy en día a través de “medios masivos de comunicación multinacionales, denuncias falsas, asociaciones caprichosas de Estados con otros Estados”. “Golpes suaves” más sutiles que los del siglo XX pero no por eso menos dañinos.

 

Con Rusia, este año, se celebran el 130 aniversario del comienzo de las relaciones bilaterales. En ocasión de la visita de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se firmó el Acuerdo Estratégico Integral elevando de categoría las relaciones bilaterales. Esta elevación significa que la relación entre ambos países ya no concierne solamente a la cuestión económica sino sobre todo a lo político. En este sentido, Argentina y Rusia se han comprometido a reafirmar la multilateralidad de la ONU. También, la Argentina denunció el doble estándar de algunas potencias occidentales que desacreditaron el referéndum en Ucrania pero avalaron el mismo procedimiento en las islas Malvinas. Es por esto que tanto la Argentina apoya a la ONU respecto a su posición sobre la situación de Ucrania y, al mismo tiempo, Rusia apoya a la Argentina en su reclamo contra los fondos buitres y sobre la situación de Malvinas. A su vez, este Acuerdo Estratégico Integral refiere también a vinculaciones de tipo cultural y turística, como asimismo a la asociación entre ambos países en materia de energía nuclear, “una energía barata, segura y que no está sujeta a las variables internacionales del mercado”.

 

Finalmente, en el último discurso encontraremos las palabras de la presidenta en alusión al homenaje que se le hiciera a Néstor Kirchner como Primer Secretario General de la UNASUR en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos. Allí Cristina Fernández de Kirchner resume cuál es el objetivo de la UNASUR: “la UNASUR ha intervenido en cada oportunidad que se ha visto amenazada la soberanía del pueblo, la voluntad popular en cada nación”. Evidentemente, el objetivo de la UNASUR es de un corte netamente político. Y luego, pasa a enumerar cuáles fueron esos momentos en los que la UNASUR ha tenido que intervenir: intentos destituyentes en Bolivia contra Evo Morales, en Ecuador contra Rafael Correa y el conflicto entre Venezuela y Colombia.

 

Renglón aparte merece el viaje de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a Italia para reunirse con el Papa Francisco. Poco fue lo que trascendió, pero lo fundamental radica en esta definición de la Presidenta: “los dos creemos en un mundo multipolar”.

 

Con todas estas visitas en el primer semestre de su último año de mandato, Cristina intenta fundar (concepto imprescindible para comprender al kirchnerismo) una nueva política internacional dejándola asentada en firmas de acuerdos estratégicos. Mucho se ha hablado de la continuidad de un proyecto político que después de 12 años no tendrá a un Kirchner en la presidencia. Pero poco se habla de cómo el engranaje internacional de este proyecto político terminará condicionando al próximo gobierno que continúe por la senda de lo realizado. El yacimiento de Vaca Muerta y las nuevas plantas de energía atómica (con transferencia de tecnología) pondrán a la Argentina en un nuevo rol internacional ya no solamente como principal exportadora de commodities como la soja, tan sujeta a las oscilaciones del mercado internacional, sino como un peso pesado en el mercado de petróleo y con autonomía energética atómica. Así, los tres factores que, según la presidenta, serán clave en el siglo XXI (energía, alimentos y ciencia y tecnología) tendrán su política pública respectiva: venta de alimentos al mundo, pero con autonomía energética y con las aspiraciones de convertirnos también en exportadores de petróleo. Los acuerdos firmados también iluminan una senda pensando en el mediano y largo plazo, dificultando, a su vez, la posibilidad de un golpe de timón al tiempo que sientan precedente sobre las políticas públicas más significativas de cara al escenario internacional.

 
 
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