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Opinión. Antonio Zapata. La República
¿Globalización, democracia y soberanía, podrán convivir juntas?
18.07.15. EL IMPERIO DE LOS MERCADOS, bajo el control total de LAS GRANDES CORPORACIONES TRANSNACIONALES PRIVADAS Y/O ESTATALES, colapsa la democracia con la globalizaciòn de Mercados, porque su fundamento se sostiene bajo al violación de las soberanías nacionales con la apertura legalizada de sus fronteras de todos sus países satélites.
 
 

A propósito de la crisis griega, se ha comentado intensamente la obra de uno de los críticos más influyentes de la globalización, el profesor de economía de Harvard Dani Rodrik. De acuerdo a su parecer, las sociedades contemporáneas están confrontadas a tres fenómenos simultáneos: una globalización extrema que busca uniformizar el comercio internacional; la democracia como sistema político; y finalmente, la soberanía del Estado Nación. Para Rodrik, no podemos aspirar a conservar los tres, sino solamente dos de ellos.

Una globalización a fondo implica integrar la economía nacional a reglas generales que dominan la esfera internacional. Ese camino ya lo ha emprendido el Perú al firmar multitud de TLCs con diversos países, entre ellos grandes potencias, como EEUU y la Unión Europea. Ningún gobierno futuro puede escapar a esas reglas y, además, estamos a punto de profundizar esa ruta, firmando el acuerdo transpacífico, con 16 grandes economías lideradas por EEUU y con exclusión de China.

Por su parte, la globalización ha alcanzado un nivel más acabado en la Unión Europea, que ha forjado una moneda común y un Banco Central. En ese caso, es evidente el liderazgo de países poderosos, como Alemania y en menor medida Francia, sobre los débiles y poco relevantes, como Grecia, entre otros. Como este mundo es complejo, los otros países europeos chicos están intransigentes con Grecia, porque sus respectivos rescates han significado condiciones duras, que los helenos rechazan porque ya las han pagado sin resultado.

El caso de Grecia evidencia que la globalización entra en contradicción con el Estado Nación. Los países ceden parte de sus prerrogativas a uniones federales donde solo conservan una autonomía limitada. Esta opción estuvo comprometida al convocarse el referéndum en Grecia, más allá del eventual resultado, porque en el fondo estaba recuperando soberanía.

Pero una segunda vía abierta a los países es conservar globalización y soberanía, lo que obliga a sacrificar democracia. Esa combinación viene imponiéndose en Oriente, encabezado por China, y alcanza también a una buena parte de Europa del Este y al mundo árabe. La sobrevivencia del Estado Nación en un mundo globalizado implica dictadura.

Algunas personas piensan que el ascenso de China en la economía internacional ha de llevar en algún momento a la democracia política en el mismo suelo chino. Pero, esa solución se ve lejana. Más bien, parece probable que el éxito de la economía china refuerce su modelo político vertical. Aquí tenemos experiencia. Una de las empresas mineras más intransigentes con los trabajadores es Marcona, propiedad de una empresa estatal china.

Por ahora, el Estado peruano viene cediendo soberanía para conservar democracia y globalización. No parece una mala elección. Seguramente será una vía para varios países durante el siglo XXI.

Pero no es la única fórmula posible. El profesor Rodrik recomienda reducir globalización para conservar democracia y soberanía. Sostiene que la globalización actual está fundada en el capital, sin considerar en forma equilibrada ni a los trabajadores ni a los países de menor desarrollo relativo. Por ello, la globalización conlleva desregulación del trabajo y flexibilización del mercado de capitales. Como fórmula puede ser inconveniente para naciones en desarrollo. Por ejemplo, la eliminación de las monedas nacionales y la generalización del euro en Europa.

Sucede que una moneda nacional barata impulsa la exportación e implica un impuesto a la importación. Puede ser la clave durante el despegue económico; por ejemplo, hasta hoy el yuan chino es bastante barato y constituye pieza fundamental de la estrategia económica de su Estado. Mientras que el euro en Grecia es caro y equivale a una camisa de fuerza, que tiene atrapada a la misma Syriza.

Así, una globalización extrema puede precipitar serias turbulencias internas que comprometan la sobrevivencia de la democracia y la viabilidad de los países.

 

 

 

 
 
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