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Opinión. Carlos A. Lator *
Salvemos la PIAP y el plan nuclear argentino
01.08.19. La Planta Industrial de Agua Pesada, situada en Arroyito y considerada la más grande del mundo en su modalidad, está parada desde 2017. Además, se abandonó la construcción de las centrales Atucha III y IV. Todo un lucro redondo para las grandes potencias. En las elecciones también se juega nuestra soberanía energética.
 
 

El gobierno de Macri está destruyendo el Plan Nuclear Argentino. Abandonó la construcción de las centrales nucleares Atucha III y IV, y promovió una ola de despidos y retiros voluntarios que afectan a cientos y cientos de trabajadores y trabajadoras.

Por su parte la PIAP, (Planta Industrial de Agua Pesada), situada en Arroyito, que abastece de material refrigerante a las actuales centrales en funcionamiento, no produce desde el año 2017. Esta planta, considerada la más grande del mundo en su modalidad, tiene una gran capacidad de incorporar conocimiento y de exportar a otros países, como ya lo ha hecho a Canadá, EEUU, Francia, Inglaterra, Australia y Noruega.

Con estas medidas se le infringe un duro golpe a la generación de energía nuclear que tiene una larga y rica trayectoria desde que el gobierno de Perón en los años ’50, creó la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) y comenzó a desarrollar este tipo de tecnología. Dos hitos fundamentales fueron la creación de Atucha I, en 1974, y la inauguración de la central de Embalse, en Córdoba, diez años más tarde.

A punto de privatizarse y desaparecer en los años ‘90, luego los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández retomaron el plan nuclear. En 2011, tres décadas después de haberse colocado la piedra fundamental, se puso en marcha Atucha II, un proyecto cuyos insumos y mano de obra fueron argentinos casi en su totalidad. A partir de este impulso regresaron al país alrededor de 800 profesionales, se formaron más de 900 personas en soldadura nuclear, y se capacitaron otras tantas en técnicas y oficios altamente calificados. 

La energía nuclear con fines pacíficos constituye un motor fundamental para la generación de electricidad y el desarrollo de la ciencia aplicada. Se utiliza en la industria, el agro, la medicina y es una fuente clave para la incorporación de valor agregado. Una muestra del nivel obtenido por nuestras científicas y científicos, con reconocimiento internacional, es el reacondicionamiento del reactor de la central de Embalse que comenzó a operar nuevamente después de completarse las obras de extensión de vida útil. Podrá seguir operando por 30 años más y permitirá despachar energía eléctrica a la red para beneficio de 3 millones de personas.

Si a esto le sumamos que dichos emprendimientos tienen una gran capacidad de generar empleo, de impulsar el desarrollo de pequeñas empresas metalúrgicas y metalmecánicas y -al mismo tiempo- diseñar, fabricar y exportar productos nucleares con ingeniería propia, estamos ante la presencia de un capital tecnológico de inconmensurable valor económico, social y geopolítico.

¿Cuál es la razón entonces para que un país como el nuestro, de gran experiencia acumulada, tire por la borda el enorme potencial científico que construyó el pueblo argentino durante tantos años?

Lo que ocurre es que el presidente Macri tomó la decisión de convertir la cuestión energética en un negocio, un provechoso negocio para (los) Aranguren, para sus amistades petroleras y para las naciones poderosas que se disputan las riquezas naturales y el capital intelectual que supimos desarrollar.

El propósito de Cambiemos es que sigamos siendo el granero del mundo, que compremos los reactores “llave en mano”, que importemos los insumos de las energías “limpias” y que continuemos dolarizando el costo de la energía. Un lucro redondo para las grandes potencias, como EEUU y China, a quienes no les conviene que nuestro país se involucre en temas nucleares vinculados con la industrialización y la diversificación energética. De hecho, el gobierno nacional firmó recientemente con esta última nación una carta de intención para la construcción de la cuarta central nuclear en la Argentina. La misma contempla un préstamo de 7.900 y un adicional de 2.500 millones de dólares para la realización de la obra con tecnología exclusivamente China.

Por eso, lo que está en juego en las próximas elecciones es nuestra soberanía energética. O somos un país con un programa económico independiente que instala toda su capacidad científica al servicio de un proyecto nacional y popular o, como dice el comunicado, que en nombre de Apcnean (Asociación de Profesionales de la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Actividad Nuclear) firma Andrés Kreiner, seguiremos “cerrando para siempre el camino para continuar con la exitosa línea tecnológica que la Argentina tan dedicada y cuidadosamente construyó”.

(*) Docente, Historiador, Ex Intendente de Chos Malal.

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