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Opinión. Antonio Muñiz
Una patada a la escalera.
07.07.19. “Que tiempos serán los que vivimos que debemos defender lo obvio” Bertolt Brecht
 
 

En Argentina la discusión sobre libre cambio o proteccionismo existe desde hace más de dos siglos. 

Ya con las invasiones inglesas al Virreinato del Rio de la Plata, se profundizó  el debate entre estos dos modelos, entre la burguesía comercial porteña, enriquecida por el contrabando y la trata de esclavos y la nueva generación intelectual como Belgrano, Moreno o Castelli. Quienes luego tuvieron un papel destacado en las jornadas de mayo y las guerras de la independencia.

De un lado se encuentran quienes dicen que el libre comercio mejorara la calidad de vida y el desarrollo de todos los países, que la mano invisible del mercado llevara mágicamente a despertar las fuerzas productivas de cada sociedad y por ende trabajara por el bien común. 

Por el otro existe una corriente, que sostiene que las economías débiles deben ejercer un proteccionismo económico sobre sus industrias y su trabajo.

La historia económica clásica predica que el motor del desarrollo del capitalismo, la revolución industrial y el progreso de los países centrales se debió al libre comercio. Sin embargo existen otras visiones sobre el desarrollo económico e industrial de las naciones. 

Según Ha-Joon Chang, referenciándose en trabajos previos del economista alemán Friedrich List, comparando los procesos de desarrollo de Europa nos dice que   “cuando  eran países en desarrollo, prácticamente ninguno de los hoy desarrollados practicaba el libre comercio (ni una política industrial de liberalización como contrapartida doméstica). Lo que hacían era promover sus industrias nacionales mediante aranceles, tasas aduaneras, subsidios y otras medidas”.

“La mayor brecha entre la historia «real» y la historia «imaginaria» de la política comercial es la que se refiere a Gran Bretaña y EE. UU., que son considerados países que alcanzaron la cima de la jerarquía económica mundial adoptando políticas de libre comercio cuando otros países bregaban aún con políticas mercantilistas obsoletas. … en sus estadios iniciales de desarrollo esos dos países fueron de  hecho los pioneros y, a menudo, los más ardientes practicantes de medidas comerciales intervencionistas y políticas industriales.” (Chang, 2002)

Los países que hoy se consideran desarrollados usaron en épocas pasadas el proteccionismo para defender su industria naciente y solo pasaron a predicar las virtudes del libre comercio cuando se hallaban ya en una situación en la que eran capaces de competir internacionalmente con otros países que no habían avanzado en el desarrollo industrial. Como dijo Friedrich List, una vez alcanzada la cima, es una argucia común dar una patada a la escalera por la que se ha subido, privando así a otros de la posibilidad de subir detrás, impidiendo que otros países hicieran lo mismos. Es más, el ejemplo de Inglaterra que predicaba el libre cambio pero abría mercados muchas veces a cañonazos y otras contando con la complicidad de burguesías comerciales locales a las que asociaban.  Por un lado buscaban  mercados donde colocar su mercadería y a su vez extraer materias primas de esos países para alimentar sus industrias. Se generó una división internacional del trabajo, donde cada país debía especializarse en aquellas  producciones donde tenía ventajas comparativas, Así ellos se reservaban el rol de países industriales y a los demás como meros proveedores de materias primas poniendo limite a cualquier posibilidad de desarrollo autónomo.

Este no es un debate del pasado, sigue vigente en nuestros días. Los países desarrollados siguen con su retórica hipócrita librecambista. Mientras aplican en sus países políticas proteccionistas de fomento y subsidio a sus producciones locales mientras promueven el libre comercio para el resto del mundo.

En la actualidad, este debate tiene particular vigencia para la región. Por un lado, se están llevando adelante negociaciones sobre acuerdos de libre comercio con Europa y EEUU. O sea que mientras el mundo se cierra en postura más proteccionistas, sobre todo luego de la crisis del 2008 y más luego triunfo del Trump, a contramano la región, con nuevos gobiernos neoliberales, se abre al libre comercio. 

 

La Unión Europea y el proteccionismo. 

 

La Unión Europea viene aplicando subsidios a la producción agrícola afín de sostener a los agricultores y mantener la población rural. También aplican barreras antidumping, barreras para arancelarias, etc, para detener el ingreso de productos del agro desde el Mercosur, que en general son mas competitivos

Por ejemplo en Europa se lleva adelante la Política Agrícola Común (PAC) que establece ayudas directas por superficie (agricultura) o por cabezas de ganado (ganadería) y garantiza un precio mínimo de venta a los agricultores para cuando los precios internacionales bajan de determinado nivel. Esta política abarata los costos de producción en Europa limitando la competencia extranjera, favoreciendo las exportaciones primarias europeas e impacta a la baja en el precio internacional de los alimentos.

Un acuerdo con la EU supondría entre otras cosas para el Mercosur una rebaja de aranceles para las importaciones industriales, con lo cual Europa podría colocar todos sus excedentes industriales en la región, compitiendo en forma desleal sobre la producción local, por precio y calidad, con lo cual daño al aparato productivo industrial puede llegar a ser terminal para varios sectores. 

Por el otro lado  las empresas europeas  exigen el mismo trato preferencial con las empresas locales en cuanto a licitaciones por obras y servicios públicos.  De concretarse Argentina entregara el negocio de la obra pública y  los recursos del Estado a las grandes empresas constructoras extranjeras.

Más allá de la intención de los gobiernos del Mercosur por firmar el acuerdo, este no se firma porque los países europeos, en particular Francia, no ceden en la protección a su sector agrícola. La capacidad de negociación del Mercosur es tan baja que ni siquiera negocia por liberar aranceles sino que negocia porque se le habiliten cupos de exportación al viejo continente en materia agropecuaria. En este esquema el Mercosur importara  desde Europa autos, maquinaria agrícola, máquinas y equipos, productos de consumo básico de origen industrial, alimentos con valor agregado, etc, Demás está decir que el efecto será la desaparición de ramas industriales completas como la automotriz, o la textil y la metal mecánica, etc, pero además afectara a muchas economías regionales como Cuyo con la importación de vinos y bebidas, aceitunas en el noroeste, biodiesel, etc.

O sea que desaparecerán sectores productivos enteros o quedaran reducidos a una pequeña expresión a cambio de beneficiar a las grandes empresas, en especial las de capital europeo, a los grandes productores del campo y a los exportadores de carne, soja, maíz, trigo y algunos minerales, con el consecuente aumento de la desocupación y por ende la indigencia, además de renunciar en forma definitiva a cualquier desarrollo industrial y a cualquier posibilidad de desarrollo autónomo, 

Si bien históricamente los países centrales imponían tratados de libre comercio a los países periféricos, ahora la debilidad política del Mercosur y las necesidades de los gobiernos de Brasil y Argentina hace que estos sean los que apuran la firma de acuerdo a pesar de los escasos beneficios para el Mercosur.

Si estas teorías liberales solo logran destruir nuestras industrias y perder grandes cantidades de puestos de trabajo, y nos condena a ser meros proveedores de materias primas y a tener un rol periféricos y subordinado en el contexto mundial, ¿cuál es el beneficio de los tratados de libre comercio?

 

Antonio Muñiz

7 de julio de 2019

 
 
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