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Opinión. Neo liberalismo y des industrialización.
Un camino al infierno.
11.02.19. Existe una larga discusión, nunca del todo saldada en la Argentina, sobre su modelo de desarrollo, uno basado en sus recursos naturales, agro y ahora minero, y otro que no reniega de esos recursos, pero prioriza un desarrollo industrial.
 
 

Existe una larga discusión, nunca del todo saldada en la Argentina, sobre su modelo de desarrollo, uno basado en sus recursos naturales, agro y ahora minero, y otro que no reniega de esos recursos, pero prioriza un desarrollo industrial.

Nuevamente la economía mundial y el programa del gobierno parecen condenarnos a insertarnos dentro de la nueva división internacional del trabajo, al igual que en el siglo XIX a ser un país proveedor de comoditys.  

Claramente en estos tres años de gobierno está mostrando que se va conformando una economía cuyo eje de desarrollo económico y social no es el mercado interno sino las exportaciones de los principales productos agropecuarios, concentrados, especialmente de la región pampeana que mantiene así su hegemonía histórica, así como también un persistente retroceso del sector industrial y de la construcción. Este modelo lleva asociado un fuerte predominio de los sectores bancarios financieros globalizados, que se apropian de los excedentes.   

En todo Latinoamérica, producto de las políticas neo liberales,  ha habido un fuerte proceso de  desindustrialización  en los últimos 30 años dejando atrás el proceso industrialización por sustitución de importaciones que rigió en la posguerra hasta mediados de los años 70, principios de los 80.

El principal indicador que confirma la hipótesis está en la pérdida de importancia de la industria manufacturera en el producto interno bruto (PIB) de la región. Aquí los datos son contundentes y muestran cómo el proyecto de industrialización está en franco retroceso, al grado de que es posible afirmar que se ha abandonado. Para toda la región, la participación del sector manufacturero en el PIB cayó de 12.7 por ciento a 6.4 por ciento en promedio entre los años 1975 - 2006,

El caso más espectacular de la desindustrialización es Argentina: a partir de 1976  la participación de las manufacturas en el PIB cae de 43.5 a 27 por ciento en ese periodo.

 

 

 

A pesar de que hubo un fuerte crecimiento en el sector industrial durante la presidencia de Néstor y Cristina Kirchner en los años 2003/2008 y un estancamiento relativo en el periodo siguiente 2009/ 2015. Estas políticas desarrollistas fueron parciales y no alcanzaron a quebrar la decadencia del sector. Nuevamente a partir de 2016 se vuelven a aplicar la viejas recetas  neoliberales con el nuevo gobierno de Mauricio Macri. Con una secuela de cierres de pymes industriales y fuerte desocupación en los sectores obreros.

Un desplome parecido sufrió Ecuador, donde las manufacturas pasan de 19 por ciento a 10 por ciento del PIB en ese periodo.

Para Brasil, la caída fue menor, las manufacturas pasaron de 28 a 24% por ciento del PIB en ese periodo.

En la última década a apareció el fenómeno de las “maquiladoras” en México y algún otro país de centro américa. Son simplemente armadoras de productos aprovechando los salarios más bajos de la región, sin embargo  este fenómeno corresponde  a una exportación de mano de obra barata, más que a un proceso de industrialización.

Una caída semejante en la actividad industrial se acompaña de la destrucción de capital productivo y de capacidades humanas que son de muy difícil recuperación.

Haciendo un balance histórico puede decirse que América Latina comenzó un proceso de industrialización, dejando atrás el modelo agro – minero exportador que caracterizó el siglo XIX y principios del 20,  través de una estrategia de sustitución de importaciones a partir de la década del 30, acelerada luego por la guerra mundial, que llego hasta fines de la década del 70.

La región en su conjunto experimentó, una tasa de crecimiento del PIB per cápita de 2.5 por ciento. En contraste, entre 1973 y 2001, el PIB per cápita apenas crece un imperceptible 0.75 por ciento anual.

Haciendo un poco de historia  podemos decir que desde la crisis del petróleo y la generación de altos excedentes en dólares que se volcaron al sistema financiero global se instauro un modelo  que busca privilegiar el capital financiero. En este modelo, las políticas monetaria y fiscal están organizadas para transferir recursos de los sectores reales de la economía al sector financiero.

La des industrialización es la consecuencia directa de la aplicación de ese  modelo.

El neo liberalismo  ha mostrado sus limitaciones por el alto costo social y económico; la primarización de la economía que venimos sufriendo nos lleva una desaparición de la industria pyme y por ende a millones de desocupados o sub ocupados con su secuela de pobreza e indigencia.

 

Una economía basada en la exportación de sus  productos primarios, sin el agregado de valor, solo puede llevar a un crecimiento mediocre, sino también al estancamiento.

Los sectores primarios son de escaso valor agregado, ocupan poca mano de obra y en general mal pagas, muy inferiores a los que paga el sector manufacturero. Y además sufren un problema estructural, la de la volatilidad de los precios y el deterioro de los términos de intercambio. Lo cual lleva a periódicas situaciones de crisis externa, de las cuales nuestro país tiene probados antecedentes.

Otro dato peligro sobre este modelo es el daño ambiental que está causando en vasta regiones, intensificando la de forestación, la pérdida de bio diversidad, el uso de agro tóxicos, la degradación de suelos, el uso y desperdicio de agua en la explotación minera, contaminación de napas por arsénico, etc. Un daño ambiental difícil de mensurar hoy pero que en el mejor de los casos se tardara  décadas en revertir, con el agravante que las compañías no se hacen cargo de ese costo, trasladándoselo al resto de la comunidad y a las generación futuras.

Porque países que intentaron salir del sub desarrollo, que tuvieron en general una exitoso proceso de industrialización , incompleto y parcial, pero que mostro resultados envidiables en cuanto a integración social y económica, niveles de vida, buenos  salarios, niveles de ocupación, alto consumo,  etc, vuelven hoy a políticas fracasadas una y otra vez con un costo social altísimo?

 

 

Antonio Muñiz

Febrero  2019

 
 
 
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