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Opinión. Osvaldo Pellin
Ortodoxia peronista multipropósito
27.11.18. No quieren jugar en la democracia de una interna porque se reservan la segunda vuelta electoral para la que no les va a quedar otra opción que mirar a la derecha.
 
 

Nadie podría discutir que el kirchnerismo fue una manifestación del peronismo y que la puesta en valor de sus acciones reivindicó lo mejor de la memoria justicialista.

No obstante, desde sectores llamados ortodoxos del peronismo no le reconocieron sus logros y su patente doctrinaria.

Néstor sostenía que “nos dicen kirchneristas para bajarnos el precio. Pero nosotros somos peronistas”. Los autores de esa difamación temieron que los K se queden para siempre con el partido porque, sobre todo, después del fallecimiento de Néstor, se produjo una avalancha de adhesiones de jóvenes y nuevas organizaciones en apoyo a Cristina.

El advenimiento del macrismo dio lugar a un ataque desembozado contra sus figuras emblemáticas, centrado especialmente en Cristina Fernández. Al mismo tiempo que lo que llamamos la ortodoxia del partido volcaba su apoyo político a la nueva derecha surgida en las urnas. Esta alianza facilitó la aprobación de todas las políticas antipopulares que veloz y expeditivo produjo Macri.

Sin esa división, fruto de un saboteo interno de demasiados dirigentes peronistas, incluidos algunos del propio riñón del kirchnerismo, Macri no hubiese podido avanzar un paso en su programa de conculcar los derechos sociales establecidos durante los doce años de gestión K.

Hoy se ha producido una nueva ortodoxia que tiene varias denominaciones: peronismo ortodoxo, o federal o racional, cuyas figuras prominentes son, entre otros, Urtubey, Pichetto, Massa, Manzur, que no tienen pueblo, pero están instalados en la sociedad gracias a la pródiga promoción que obtuvieron como funcionarios del kirchnerismo. Quiero decir que sus posibilidades electorales aparecen bastante menguadas si es que se presentan solo por sí mismos.

A la vez están convocados a una unidad ciudadana que hasta ahora han rechazado por lo que ya se insinúan como parte de la lucha electoral de octubre como una tercera fuerza si es que llegan a ponerse de acuerdo acerca de quién será el candidato a la presidencia.

Muy distinta fue la actitud de Felipe Solá, que, alineado como crítico del kirchnerismo, decidió responder positivamente al llamado de la unidad.

Los primeros (Pichetto y compañía) podrán configurar una tercera o cuarta fuerza (siempre y cuando Cristina se presente como candidata). Ese lugar en la grilla de llegada en la primera vuelta les permite negociar en el balotaje con alguna de las dos fuerzas mayoritarias.

Si ellos fueran la única fuerza que compitiera con Cambiemos, todo haría presumir que tendremos Macri por cuatro años más. Y no sé si ese desenlace les molesta.

Convengamos ahora las alternativas que se les presentan a este grupo ortodoxo en estos momentos. Si admiten que Cristina participe en pie de igualdad con ellos y contra otros en las Paso, seguramente pierden. Y es una lástima que ese resultado sea tan obvio. Es que yendo solos tienen mayor libertad para negociar sus votos en la segunda vuelta.

Vemos claramente que no se trata de distinguir quién tiene más valores para defender al peronismo contra el neoliberalismo. puesto que desalojar de ese lugar a Cristina parece no ser posible.

Para estos especuladores de la lucha política, y por lo dicho, no les conviene cerrar con la estrategia de unidad que propone Cristina.

Esa actitud hace tambalear a todo el tablero opositor y facilita la posición de Macri, que seguramente tenga los mayores recursos para atraerlos a sus filas.

En un tiempo de claudicaciones ideológicas notorias en que la política se ha constituido en política de dirigentes, lejos de la representación de los intereses populares, puede llegar a ocurrir un juego inaceptable donde las roscas prevalezcan sobre la voluntad del pueblo.

En síntesis, el sueño mayor de esta ortodoxia es impedir que Cristina Kirchner vuelva a la presidencia de la República. No quieren jugar en la democracia de una interna porque se reservan la segunda vuelta electoral para la que no les va a quedar otra opción que mirar a la derecha.

Insistir con un nuevo llamado a la unidad con estos dirigentes es una tarea, que al día de hoy, aparece como de logro imposible.

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