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Opinión. Por Julián Goldin.
“Esto es economía política, amigues”
05.09.18. Las crisis consisten en tiempos borrascosos y de gran incertidumbre. Por momentos la información escasea y por momentos, la sobreinformación es la que reina. En las crisis denominadas económicas (a las que nuestro país nos tiene más que acostumbrados) es donde los economistas pasan a ser rockstars. Copan los horarios mainstream de los principales canales y comienzan a dar diagnósticos y recetas. Muchas veces se resguardan en un lenguaje sumamente técnico, buscando alejarse como sea de la comprensión
 
 

 El periodismo replica también este léxico. Desde estas líneas creemos que si un economista no puede explicarse o hacerse entender, es porque no es lo suficientemente bueno. Igualmente un periodista. Y los tiempos de hoy requieren de franqueza y sencillez a la hora de explicarse. A partir de este breve racconto histórico, trataremos de hacer nuestro aporte a la causa:

-Diciembre de 2015: Se levanta el famoso “Cepo al dólar”.

Mauricio Macri quiere mostrarse como un presidente que cumple sus promesas y de mano firme. Esta medida había tenido su origen en la corrida bancaria de fines del 2011 y limitaba el acceso a la moneda extranjera. Esta decisión había influido sin dudas en la restricción externa, es decir, en la imposibilidad de financiamiento desde el exterior. Así también había ejercido una fuerte presión sobre el tipo de cambio, que se expresaba en las subas constantes del dólar blue o paralelo. Prat Gay, antes de ser ministro del área económica, había afirmado que su dólar iba a estar más cerca de los $9,50 que de los $16, pero en pocos días ya estaba casi en $14. Así comenzaba esta historia de desventuras…

-Enero de 2016: Alfonso Prat Gay reduce de un año a 120 días el plazo para que los fondos de inversión permanezcan en el país. Un tiempo después lo reduciría a cero. Fue récord en el mundo. ¿Pero cuál era su intención? Fomentar abiertamente el ingreso de los capitales golondrina o de mayor volatilidad. Esos que llegan un día y se pueden ir al otro.

-Febrero de 2016: Se encara una reducción brutal de impuestos.

Se realiza una importantísimo recorte en los impuestos a los pooles sojeros y a las megamineras. Así también a los bienes personales. El estado se desfinancia.

-Marzo de 2016: Se le paga a los “fondos buitre”.

Tal vez la medida más “mercado- friendly” de todas. Con el multimillonario pago de U$S 9300 millones a los fondos que tenían litigios contra nuestro país, el gesto era contundente y la decisión más que clara: Se terminaba el default y toda hostilidad externa. Bienvenido el fenomenal endeudamiento.

¿Por qué hace falta remontarse a esos tiempos para explicar la crisis de nuestros días?

Porque por más de que estas medidas lograron su principal cometido, acceder al financiamiento externo, tuvieron consecuencias que llegan a nuestros días:

-Levantar el cepo y toda limitación hacia la compra de moneda extranjera influyó en que se hayan fugado casi U$S 60.000 millones. Más que todas las reservas del BCRA.

-Que no haya límites para el establecimiento y salida de fondos en nuestro país influyó también en la fuga y en la cada vez mayor volatilidad económica.

-La brutal baja de impuestos le quitó recursos al gobierno y aumentó el déficit primario que hoy se quiere achicar con la vuelta de las retenciones.

En un mundo que hace rato tiende a cerrarse -expresado en el Brexit, la llegada de Trump y líderes nacionalistas en todo el mundo- las medidas aperturistas del gobierno tendieron a hacernos mucho más dependientes. Mientras que autores y políticos como Álvaro García Linera llegan a avizorar que la globalización está muriendo,el presidente Macri actuó en base a “abrirnos al mundo”. Y en este mundo al que quiere integrarse, los flujos comerciales vienen reduciéndose fuertemente hace casi 10 años.

Durante sus primeros años, el gobierno procuró realizar reformas graduales y a no desmantelar las principales políticas sociales heredadas del kirchnerismo. Por un momento, con un fenomenal acceso al crédito externo y el visto bueno de los mercados; el gobierno pudo quitar impuestos, hacer un populismo al estilo de la derecha y como dijimos anteriormente, realizar algunas reformas. Todos medianamente contentos. Así se expresó en las elecciones de 2017, donde Cambiemos se impuso con claridad. Pero la primavera no duraría para siempre. Volvamos a la cronología.

-Diciembre 2017: Se cambian las metas de inflación.

Los mercados suelen guiarse por gestos o palabras.Y con un gobierno más bien “mercado-dependiente”, todo tiende a amplificarse. Este fue sin dudas el primer mal augurio. La economía empezaba a tambalear y en una conferencia de prensa liderada por Marcos Peña y el equipo económico, se anunció la corrección de las metas de inflación 2019 (del 10 al 15%). Como dijimos, la voz cantante fue la del Jefe de Gabinete y eso se tomó como una pérdida de autonomía del presidente del Banco Central. Comenzaba la desconfianza.

-Mayo a Septiembre 2018: Empujado por el dólar, el gobierno vive su peor crisis.

Tras unos meses de relativa paz cambiaria, el mercado le comienza a cobrar su falta de confianza al gobierno. En “los peores 5 meses de la vida de Macri”, el dólar aumentó casi en un 100%. A la incredulidad del mundo financiero por el inclumplimiento de promesas y las fuertes internas dentro del gobierno, se le suma un contexto internacional complicado: La importante suba de la tasa de interés de la Reserva Federal de EE.UU. hizo que muchos fondos abandonaran el país, secando el mercado de dólares y presionando fuertemente a nuestra moneda. La devaluación de monedas emergentes, empezando por la lira turca y siguiendo por otras del Mercosur, empujó aún más a nuestro devaluado peso. Para contenerlo, el gobierno pifió una estrategia tras otra. Sturzenegger tuvo que abandonar el Banco Central. Los mercados decidieron ya dejar de prestarnos y tuvimos que volver a recurrir a “Papá FMI”.

-Llegamos a nuestra actualidad en un contexto de crisis económica, política y social. En estos primeros tres meses, el gobierno ya no pudo cumplir con los requisitos del FMI, lo que profundizó la desconfianza y lo obligó a renegociar el acuerdo: La cláusula obligatoria del FMI para este nuevo acuerdo fue “Déficit primario cero” en 2019. ¿Cómo piensa lograrlo? Con obra pública cero, drástica reducción del estado y transferencia de subsidios a las provincias. Así también con la vuelta a las retenciones (que habían sido sacadas por el mismo gobierno).

Veremos si alcanza con estas medidas algo carentes de imaginación. Porque más allá de la desconfianza de los mercados, que pareciera continuar, la desconfianza comienza a notarse también en los sectores medios y populares. Estos son los que sin dudas más sufren la inflación, que el gobierno reconoció “off the record” que este año será del 42% y el que viene del 25%. Así también la fuerte devaluación de sus sueldos o en todo caso, de sus prestaciones sociales. Habrá que pasar el invierno, la primavera, el verano, el otoño y el nuevo invierno. La solución vendrá sin dudas de la economía y la política. Porque esto es Economía Política, amigues.

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