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Opinión. Antonio Muñiz
El mundo Trump
26.08.18. El sistema mundo está viviendo un momento de inflexión histórica. La crisis, entendida en el sentido gramsciano de la lucha entre lo que está muriendo y lo que no acaba de nacer, se profundiza en todos los ámbitos.
 
 

La situación mundial actual se encuentra caracterizada por la presencia de crisis en todos lados y en todos los niveles: económico, financiero, ambiental, social, político, diplomático y militar. No es posible comprender el desarrollo en un único continente o país por fuera de la crisis global del capitalismo.

El mundo  transita hacia otros rumbos después del triunfo de Trump y del Brexit. La reaparición del proteccionismo y las ideas nacionalista, en los países centrales, en especial en EEUU, marcan un quiebre en ola globalizadora.

Sin embargo, si uno desmaleza un poco la realidad,  detrás de esas políticas se encuentran las viejas recetas imperialistas. Hay una lucha manifiesta por la hegemonía mundial: entre la alianza histórica EEUU/Inglaterra, en conflicto con las otras potencias que emergen como rivales: China, Rusia  y en menor medida  Europa. 

La UE está  inserta en una crisis financiera, pero también política, que genera contradicciones internas muy fuertes, no solo entre los países, sino también dentro de cada uno de ellos. 

La política de Trump de cerrar su economía y defender el trabajo norteamericano pone en jaque el “libre comercio mundial” y desata una guerra comercial, por ahora de baja intensidad. 

Por ejemplo la suba de aranceles  a productos de Turquía, Méjico y China muestra lo que viene. Es seguro que la guerra comercial escale en posiciones más duras. La historia muestra que la mayoría de las guerras comerciales, por la  hegemonía  mundial terminan en conflictos bélicos.  

Y como paradoja o no, esas  políticas económicas que lo  llevan a cerrarse, los llevan  también a aumentar su política imperial sobre aquellas regiones que cuentan con recursos naturales estratégicos: petróleo, minerales, alimentos, agua, energía, etc. 

En ese marco debe analizarse lo que está sucediendo en Argentina y América Latina. Es necesario comprender hacia dónde va el mundo, sus contradicciones y escenarios posibles.

El dólar se aprecia por imperio de la política económica proteccionista  estadounidense y el aumento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal, que generan las condiciones para la fuga de capitales desde los países emergentes hacia los mercados centrales. 

Los efectos ya se sienten mucho más allá de las fronteras turcas: el rand sudafricano cayó  a su nivel más bajo desde hace dos años y la rupia india, el peso mexicano, el peso argentino, el real brasileño y la rupiah indonesia, entre otras monedas,   se han visto fuertemente afectados. 

“Hoy la deuda global es superior a la que existía en 2008. Llega a 247 trillones de dólares (29 trillones más que hace dos años) y el coeficiente deuda global/producto bruto global asciende a 318%. En Estados Unidos, centro de este capitalismo global monopólico, esta relación es del 100%. A esta deuda global en dólares hay que sumar la deuda con derivados, que excede de 500 trillones de dólares. En este mundo cada vez más endeudado los bancos norteamericanos son hoy más grandes que nunca y continúan teniendo una proporción creciente de la deuda global con derivados” (1). https://www.elcohetealaluna.com/macri-ante-el-abismo-del-poder/

Se están dando todas las condiciones para una  crisis monetaria global. 

Así pues, debemos ver en los intereses geopolíticos y las políticas imperiales de siempre, para entender porque Trump y la Reserva Federal llevan al mundo a esta crisis. 

Cuantos más países estén endeudados en dólares, mayor será el pago de intereses, más bienes y servicios reales tendrán que pagar como tributo a Estados Unidos. Los que no puedan pagar la deuda pagaran con sus recursos naturales y/o sus empresas más rentables.

Perón decía que la única política real es la geopolítica. Acá se está desarrollando políticas de dominación del mundo y de  apropiación de los recursos naturales.

La crisis financiera que estamos viviendo va a ir llevando a cada uno de los países emergentes hacia una crisis que lo obliga a caer en manos del FMI para que los “rescate”.

Sabemos y conocemos cuales son las políticas de salvataje del FMI y cuál es el resultado de las mismas; el sometimiento de los países, la sujeción de a las políticas imperiales, apropiación de las riquezas y recursos naturales, etc.

El gobierno macrista nunca ha entendido la nueva realidad. Su pretendida inserción en el mundo habla de un mundo que va muriendo y  vamos a contramano. Mientras en el comercio mundial se cierra, se defiende el trabajo y el mercado interno. Argentina, en forma suicida se abre comercialmente y financieramente. Los efectos de esta inserción internacional errada,  los estamos viendo, sus resultados son desastrosos para nuestra economía y sociedad

En Argentina se generan condiciones y se facilitan la salida (fuga) de los dólares escasos. Y para solucionar esta restricción, se asume deuda externa en forma descontrolada, que solo sirve para financiar la fuga, Un círculo vicioso que destruye la economía real y a su vez nos lleva a un próximo default. 

La libre importación de productos industriales, con su impacto en la economía: destrucción del trabajo, la producción local y acelera la salida de dólares. Y además la políticas macristas permitieron a los exportadores no traer las divisas generadas, más la toleradas demoras en las ventas de grano, en forma especulativa, esperando la devaluación del peso, que beneficie a los grandes productores y exportadores. Un coctel perverso. En lugar de cuidar las escasas divisas conseguidas, se facilita su salida y así se genera la “crisis externa” de la economía local. Así a contramano de la tendencia mundial, en lugar de generar condiciones de funcionamiento para generar mayor ingreso de divisas y restringir su salida, se liberan los controles y se permite la libre circulación de capitales,  con los que se agudiza la falta de dólares, con la consiguiente presión sobre su precio. 

De ese modo solo queda esperar una acelerada devaluación del peso y un  ajuste brutal sobre los ingresos de la mayoría de la población 

La inflación y la recesión son manifestaciones del ajuste que empobrece a la mayoría de la sociedad, para sostener el endeudamiento y la consecuente fuga de capitales. Un brutal saqueo, una apropiación de la riqueza de los argentinos hacia los grupos concentrados, cuyos Ceos nos gobiernan. 

Este fenómeno no es nuevo, viene por oleadas, cada vez que el neoliberalismo se apodero de la economía argentina, FMI mediante. Las etapas del 55 a la fecha siempre terminaron en una crisis brutal, empobrecimiento de la población, fuga de capitales y deuda externa que nos condicionara por décadas. 

Latinoamérica: un territorio en disputa:

Sosteníamos más arriba que de alguna forma la globalización ha terminado o mutara hacia otras formas. Sin embargo el imperio continúa con su lógica predatoria de apropiarse de los recursos del tercer mundo, en especial los recursos alimenticios, energéticos, mineros, etc. Solo por el petróleo es posible explicar la desastrosa política bélica de EEUU en medio Oriente

 También, luego de una etapa de olvido, EEUU volvió sobre su “patio trasero”, Latinoamérica. Luego de casi una década de avances de procesos populares en casi todo el continente, vemos en los últimos años una avance nuevamente de las elite conservadoras de cada país, aliadas y apoyadas por el departamento de Estado de EEUU y la siempre presente CIA. 

Es así que en sucesión de golpes blandos han ido frustrando las experiencias populares, a través de golpes más o menos “legales” e institucionales como en Honduras, Paraguay y Brasil, a través del  voto popular como Argentina, Chile, la cooptación de dirigentes “populares”, como Lenin Moreno, que llegado a la presidencia de Ecuador, de la mano de un movimiento popular, se da vuelta y acuerda con la oligarquía ecuatoriana y el imperialismo yanqui. De todo el proceso anterior solo sobrevive Venezuela, jaqueada por las políticas de boicot comercial y político estadounidense, acompañadas lamentablemente  por varios países latinoamericanos. Golpeada por una gran crisis económica y con profundas contradicciones internas, Venezuela resiste, porque hay un pueblo empoderado que defiende sus derechos.  Otro pueblo que resiste es Bolivia, un proceso que comenzó con profundos conflictos sociales, económicos y políticos, hoy ha logrado una unidad nacional y un programa económico exitoso, alrededor del liderazgo de Evo Morales, Por último  el triunfo de López Obrador en Méjico, es una incógnita, aunque no deja de ser esperanzador. 

Como decíamos el avance de estas fuerzas conservadoras, buscan poner fin a toda experiencia popular, por más inocua que sea: tienen claro que el mal ejemplo es contagioso y si se animan a esto mañana van por más.

Así, dejando de lado a las opciones de golpe militar característico del siglo XX, hoy van por la construcción de maquinarias políticas, donde se conjugan los grandes grupos económicos, los servicios de inteligencia de cada país, cooptados todos por la CIA, el poder Judicial, que funciona como agente disciplinador, al criminalizar la política y la disidencia,  y toda la potencia de los grupos mediáticos al servicio de construir una hegemonía de clase al mejor estilo gransciano. 

Si bien el neoliberalismo se representa como victorioso y como “única salida a la crisis” y como único modelo viable, hoy Latinoamérica sigue siendo un continente en disputa. 

Nada está escrito y nadie puede hoy pensar en un fin de ciclo de los procesos populares en Latinoamérica. Los movimientos populares, si bien en retroceso y a la defensiva, siguen dando batalla. El ejemplo de Brasil es clave. El establishment brasileño  debió encarcelar y  seguramente proscribir a Lula en un contubernio mafioso entre sectores de la justicia, los medios, las fuerzas armadas y la burguesía paulista para frenar el seguro triunfo del PT en octubre. Lo mismo sucede en Argentina, donde la dirigente popular más importante, Cristina Fernández, es ferozmente atacada, calumniada y perseguida por una acción coordinada de medios, jueces y servicios al solo efecto de dejarla fuera de toda carrera electoral.

También en este marco es necesario enmarcar la “ola moralizadora” contra la corrupción política. Esta nueva “mano puliti”  ataca la supuesta relación “mafiosa” entre políticos y empresarios por el reparto de los negocios y las obras públicas. Esta ola,  tiene como finalidad por un lado atacar y silenciar a los dirigentes opositores, caso Lula o CFK, pero  por el otro hay una lucha por la apropiación de las empresas “multilatinas”, caso Oderbrech, Petrobras, en Brasil o Techint, en Argentina.  Estas empresas  jaqueadas por las denuncias penales y en medio de una crisis global con devaluaciones de las monedas, ven caer el valor de sus acciones. Están en el mejor de los casos a un 50% de su valor real. Un pingue negocio para las firmas norte americanas, que se quedan con esas empresas  a un precio vil, pero también, se apropian de sus negocios futuros. Además en este mundo de guerras comerciales le ponen un tapón al ingreso de las empresas chinas que habían apostado muy fuertemente por Latinoamérica.

Por último, un llamado de atención por lo peligroso de los hechos que se van dando es el asentamiento de bases del ejército norteamericano en Tierra del Fuego, como en el Norte, la introducción cada vez más desembozada de la DEA y el asentamiento de regimientos del ejecito argentino en también en el norte, convirtiendo a las FFAA en una mera “guardia nacional” para reemplazar el trabajo de la Gendarmería, enviada al conurbano como fuerza de choque contra la protesta social. Un coctel peligroso, ya que en su doctrina mezclan terrorismo, narcotráfico y protesta social, conducidos por una energúmena  como Patricia Bulrich. 

Los pueblos latinoamericanos siguen resistiendo, movilizados y en varios casos replegados para cuando llegue el momento de una contraofensiva. Los modelos neoliberales van por los derechos de los sectores de trabajadores y de clase media, derechos sociales, económicos y humanos. La derecha latinoamericana es una derecha retrograda,  violenta y explotadora de su pueblo. No hay futuro para estos países en mano de las oligarquías locales aliadas al imperio. 

Queda claro que solo son los pueblos, organizados y movilizados, quienes pueden enfrentar a esos procesos contra revolucionarios. 

Si bien cada país tiene su cultura, su historia, sus formas de lucha anti imperialista, por lo que no hay estrategias únicas ni comunes, es cierto que la lucha por la emancipación debe ser continental. No hay,  como lo muestra la historia viabilidad,  para proyectos individuales. 

Hoy Latinoamérica es campo de batalla entre dos modelos. El resultado es incierto. La historia no tiene leyes ni esta predeterminada. La historia es construcción humana, son las sociedades las que construyen su futuro y su devenir histórico. 

Antonio Muñiz

Agosto 2018

 
 
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