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Opinión. Antonio Muñiz
El día de después….
24.10.17. A una estrategia del macrismo de despolitizar y desmovilizar, la respuesta del campo popular debe ser reforzar las respuestas políticas, estar en el conflicto, organizar poder popular, movilizar y ganar la calle.
 
 

En principio es dable pensar que el proyecto neoconservador del macrismo ha logrado instalarse como un proyecto hegemónico a nivel nacional.

Ha ido consolidando un consenso detrás de sus políticas de ajuste y reorganización del país.

Esto no es nuevo, el menemismo tuvo en su momento un consenso amplio, tanto que permitió la reelección de Menem en 1995, También el proceso militar tuvo consensos importantes sobre su política económica de parte de la sociedad durante gran parte de su gobierno.

Hay una ideología en la base de la sociedad argentina, que es el individualismo,  un sálvese quien pueda, que es sustento la ideología neo liberal

Es probable que no sea mayoritaria, pero que está en el inconsciente colectivo, un “yo  argentino”, “no te metas”, una creencia en salvación personal, una lógica basada en el consumo y el dinero como fin.

Así podemos entender, que a pesar de sus reiterados fracasos, estos modelos, liberales en lo económico pero autoritarios en lo político cuenten con apoyo en la sociedad.

 En ese sentido el macrismo adhiere a esa característica, no es democrático, es autoritario, descree de las instituciones de la república y de las leyes. No deja de ser un gobierno de las clases ricas, de las corporaciones y sus ceos, su única preocupación son los negocios y sus intereses de clase.

Todo esto en una Latinoamérica donde están en retroceso todos los movimientos populares y en el mundo avanza las opciones de derecha, algunas  autoritarias, xenófobas y violentas. Mientras, por ejemplo,  en Brasil gobierna la burguesía paulista y los grupos más reaccionarios que avanzan en un proceso de destrucción y precarización del trabajo y ajuste permanente.  Un gobierno que tomó el poder mediante un golpe institucional, y que no tiene hoy más de un 5% de aceptación ciudadana.

En Argentina ese mismo proceso se hace por ahora con votos y “consensos”.

El gran logro de las derechas en el mundo, donde el macrismo copia y pega, es la despolitización y la desmovilización de la sociedad, convertir al ciudadano en un sujeto individualista, pasivo y acrítico. Un sujeto que odia la política, que ve pasar la historia desde las pantallas de un televisor.

El discurso de sus dirigentes por lo tanto  es un mensaje “liquido”, lleno de significantes vacíos, desideologizado, un mensaje que niega el conflicto y pinta un mundo mágico, de colores.

Tal vez la lógica comunicacional del macrismo pueda ser mostrada en esta frase de Duran Barba “El electorado está compuesto por simios con sueños racionales que se movilizan emocionalmente. Las elecciones se ganan polarizando al electorado, sembrando el odio hacia el candidato ajeno… Es clave estudiar al votante común, poco informado, ese que dice “no me interesa la política”… El papel de los medios es fundamental, no hay que educar a la gente. El reality show venció a la realidad…” Más claro, agua.

 

  

Y la oposición?                                          

 La gran incógnita que queda abierta después de las elecciones es la oposición, porque a pesar del apoyo innegable que obtuvo el macrismo, está lejos de constituir una mayoría neta de la población.

El macrismo opera sobre la dispersión del voto opositor. Pero esta dispersión no es casual ni es torpeza dirigencial, Se está dirimiendo, en estas elecciones,  el liderazgo de la oposición y quien o quienes se van perfilando como candidatos en el 2019.

Surge con nitidez que las opciones opositoras, pero garantistas de la gobernabilidad, con programas afines al gobierno como Massa, Urtubey, Schiaretti – De la Sota, Randazzo y algunos otros gobernadores que se ofrecían como un peronismo “nuevo”, “previsible”, “mercado  friendly” han sido derrotados estrepitosamente en las urnas.

En cambio ganaron y se posicionaron gobernadores como Gildo Infran, Corpacci, Manzur, Verna, los Rodríguez Saa, etc, Gobernadores más cercanos a una línea más confrontativa con el gobierno y por ende cercanos  a Cristina Fernández de Kirchner.

Esta elección dejo claro que,  aun perdiendo en la provincia de Buenos Aires,  Cristina Fernández de Kirchner es la máxima líder de la oposición.

 Si bien podemos criticar errores de campaña, de mensaje o de armado de lista, la performance de CFK, con una estructura  nueva, con recursos escasos, enfrentando una coalición política, judicial, económica y mediática muy poderosa, que se dedicó a destruir su imagen y su proyección, es altamente positiva.

No siempre la derrota en una batalla es la derrota en la guerra.

Sin subestimar al macrismo, tampoco esta ha sido para ellos una victoria definitiva, es solo una victoria en una elección de medio término. Esta victoria del macrismo no le garantiza por si un ciclo hegemónico largo. La historia argentina, post 83, muestra que los oficialismos ganan estas elecciones, porque la sociedad tiende respaldar y confiar en el gobierno que se inicia, en general da un cheque de confianza para que muestre resultados.

Como el modelo económico neoliberal no muestra muchas alternativas, no hay plan B. El coloquio de Ideas le marco la agenda para los próximos años.

El gobierno va a tener que avanzar en el ajuste sobre el gasto público y la reforma laboral y previsional, con la pérdida de derechos, baja salarial, con bombas de tiempo de difícil solución, alta inflación altos intereses, subas de tarifas, ajuste en las finanzas provinciales, destrucción del empleo y de las pymes,  alto endeudamiento, etc, etc.

Se abre así un escenario de alta conflictivad social, la lucha dejara de ser electoral para ser lucha en todos los frentes, sobre todo en las calles.

Seguramente esta lucha de resistencia generara nuevos escenarios, nuevos liderazgos, nuevas alianzas políticas y sociales.

A una estrategia del macrismo de despolitizar y desmovilizar, la respuesta del campo popular  debe ser reforzar las respuestas políticas, estar en el conflicto, organizar poder popular, movilizar  y ganar la calle.

Para ello es fundamental para esta etapa  dejar de lado sectarismo estériles, maniqueísmo inconducentes, avanzar en la construcción de un frente nacional, que sume a todos los sectores del campo popular, a las organizaciones obreras, al empresariado nacional, a los estudiantes, a la gente de la cultura y las ciencias, y a todos los argentinos de buena voluntad que creemos que otra sociedad es posible. Que creemos que todavía la Patria existe y triunfara.

 

 Antonio Muñiz

23 Octubre de 2017

 
 
 
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