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Opinión. Por Antonio Muñiz
“Partido o movimiento”.
03.10.17. “Un clima de rebeldías individuales puede durar indefinidamente sin afectar al régimen que las provoca. Solamente cuando la rebeldía está coordinada y encauzada en un movimiento de liberación adquiere eficacia necesaria para luchar con éxito”. J. W. Cooke
 
 

Semanas atrás en un reportaje Capitanich expreso una idea que está circulando dentro del peronismo desde ya hace un tiempo largo.  Aseguró que “la centroderecha” ya tiene un líder, que es Mauricio Macri, y que la oposición (el peronismo) debe reconfigurarse en “una opción de centroizquierda“.

Frente a una administración de  centroderecha de base neoliberal conservadora, frente a eso, surge la necesidad de reorganización de una centroizquierda de base progresista y popular, “ese  debe hacer nuestro espacio”. 

Por otro lado hay sectores dentro del PJ que sostienen que el peronismo debe modernizarse, adaptarse a lo que la sociedad quiere, que debe ser un partido que garantice la gobernabilidad, etc. Que tire por la borda al Kirchnerismo y sea el sostén del sistema, que el peronismo garantice la continuidad del modelo, cuando, más temprano que tarde, el macrismo estalle. Es síntesis un peronismo de derecha, neo liberal, alineado con EEUU y la nueva oligarquía. Esto lo expresan desde Massa, Pichetto y hasta Urtubey. Esta posición es hoy por hoy minoritaria, pero tiene prensa y poder.  

Hoy pareciera, a 20 días de las elecciones de medio término del gobierno macrista que dentro del peronismo existen dos tácticas mayoritarias  complementarias, una es la expresada por Capitanich, la de convertir al PJ en un partido de centro izquierda  que compita dentro de la reglas del sistema y la otra es la de tener una estrategia puramente electoral. La batalla debería darse en las urnas, el límite al programa de restauración conservadora seria tener más votos cuando se abran las urnas el próximo 22 de octubre. 

Ambas parecieran, según nuestra opinión,  estrategias que nos conducen al fracaso.  La salida puramente electoral no hará que el macrismo discontinúe sus políticas. La derecha argentina no tiene otro plan, el único camino que le queda es avanzar en sus políticas de ajuste permanente y reforma del sistema político legal y económico de acuerdo a sus intereses de clase. Por lo tanto algunos votos  más o menos no le harán cambiar el rumbo. No es una derecha moderna ni democrática, nunca lo fue y las reglas y valores de la democracia les importa poco y nada. Solo expresan un republicanismo de opereta  y un institucionalismo que respetan en la medida que sirva a sus intereses de clase. 

Es cierto que vivimos una época confusa, no solo en Argentina, sino en el mundo. La crisis del sistema capitalista mundial está en pleno proceso, sin embargo pareciera que en medio de la crisis el neo liberalismo globalizador, originante de la crisis, se erige como el gran  ganador extendiendo su hegemonía en el sistema mundo. Nada está escrito y nadie puede predecir el final de este proceso de crisis. Pero podemos buscar en nuestro pasado recetas y experiencias históricas valiosas para entender esta etapa y sobre todo  cómo construir políticas contra hegemónicas, 

Peron y el peronismo: 

Perón pensó y construyo el peronismo como un movimiento de liberación nacional y social, relegando al partido a una mera herramienta electoral. 

Llegado al poder en 1943, de la mano de un golpe de estado, dio impulso a un movimiento popular,  obrero, con mucha presencia del estado. Hacia ese movimiento  fueron adhiriendo y sumándose  diferentes sectores sociales y políticos. Este nuevo espacio político irrumpió con una nueva lógica, dejo de lado las “ideologías”  tradicionales y las categorías derecha o izquierda, ya que ambas eran expresiones de una lógica política que legitimaba el status quo, e impedía cualquier intento de liberación social, política y económica. El enemigo era el imperialismo y su socio interno la oligarquía, entonces la contradicción principal paso a ser “Patria o Colonia”, “Pueblo o anti pueblo”, o “liberación o dependencia”, algunos años después

Lo nacional y lo antinacional se transformaron así en las principales divisorias de aguas. Por ello, el peronismo pudo congregar en un mismo techo a anarquistas, comunistas, socialistas, nacionalistas, conservadores, empresarios, militares, trabajadores, iglesia, etc. 

Pero además Perón da una vuelta más a esta política, le agrega la concepción de Comunidad Organizada. El pueblo organizado a través de sus organizaciones naturales, las organizaciones libres del pueblo las llama el, los sindicatos, la cámaras empresarias, las juntas  o sociedades vecinales, los centros de estudiantes, los clubes y todo grupo de ciudadanos que se unen en un fin comunitario. 

No hay que confundir con el onegeismo  moderno, era empoderar a las organizaciones populares. Estas se convierten en actores políticos centrales, actores y decisores en el proceso político. 

Esta lógica de construcción política le dio al peronismo una fuerza y una dinámica que le permitió ser durante 70 años el centro de la política argentina, aun cuando desde la oposición se lo ha tratado de destruir utilizando todas las armas a su alcance. 

Llegado el momento de la confrontación electoral el PJ armaba sus listas  tratando de reflejar ese espíritu movimientista en la construcción de un frente electoral que superara las estrechas paredes del Partido Justicialista.

Por supuesto también esta pluralidad de voces y expresiones, su construcción interna, la figura del caudillo o líder y su relación con las masas lo convirtió  un movimiento multitudinario y masivo, rico en cuadros y en organizaciones pero también contradictorio, zizagueante y por supuesto inclasificable dentro de la teoría política tradicional y europeísta. 

El movimiento nacional y popular. 

Vivimos dentro de un sistema social, económico y político que no sólo no procesa las demandas del pueblo, sino que, precisamente, está montado para cerrarles el paso. Las masas populares no tienen posibilidad ninguna de reaccionar a través de los mecanismos institucionales que son los partidos políticos tradicionales. De allí su crisis de representación y legitimidad.

El papel de las “construcciones movimientistas”  es, entonces, el de dar cauce a esas masas populares en su lucha por sus derechos,  no necesariamente  en contra pero si por encima, superador, del sistema  de partidos políticos. 

Las experiencias históricas  muestran que  estas experiencias son portadoras de dos objetivos centrales: la reivindicación social de los pueblos y la independencia nacional ante el imperialismo.

Esta lógica de construcción movimientista encierra un cambio de paradigmas  dentro de la dirigencia tradicional y sobre todo en la militancia. 

La historia no termino como nos decía Fukuyama allá por los noventa, los hombres y los pueblos construyen día a día su historia por lo tanto mientras exista el hombre siempre habrá historia y política a su alrededor. 

En el  futuro cercano el régimen macrista acelerara sus reformas estructurales,  el endeudamiento, la flexibilización laboral, y demás objetivos de acumulación y concentración de riqueza.  Estas políticas neo liberales también como contrapartida  aceleraran la conflictividad social y política.  

La historia nos muestra que en un país semi colonial, con una hegemonía mediática – oligárquica - financiera, las batallas políticas hay que pensarlas en todos los frentes, como luchas permanentes y lamentablemente prolongadas.  Las  batallas próximas se  van a dar en la calle, resistiendo pero también construyendo contra hegemonías. Por eso un eje central es la batalla cultural e ideológica.

Es tarea militante en esta etapa acompañar todas las expresiones de lucha del pueblo, cuando defiende sus derechos básicos. Acompañar en la calle, codo a codo toda experiencia  de lucha y resistencia. Las luchas populares generan conciencia,  organización y sobre todo nuevos liderazgos populares. 

El imperativo de la hora nos impone generar políticas de fortalecimiento de las organizaciones populares, definir un rumbo claro y preciso, dialogar con el pueblo para no perder el rumbo, evitar que de la crisis sigan lucrando los personeros de siempre, que en nombre de la república y las instituciones saquean nuestra riqueza, no permitir el paso de experiencia políticas autoritarias, xenófobas, y violentas como alternativas mesiánicas y salvadoras.

Superar visiones partidocraticas, que limitan y condicionan el accionar político. El peronismo no puede ser una expresión más del sistema, que alterne en el gobierno, sin cuestionar el sistema mismo.  

No somos ni podemos ser la Concertación Chilena que gana elecciones pero no pudo ni quiso nunca  modificar la estructura legal, económica y política que modelo Chile durante el pinochetismo. No somos ni podemos ser un partido social demócrata al estilo europeo, que tiraron por la borda décadas de luchas obreras y se convirtieron  en furgón de cola de los partidos de la derecha financiera, neoliberal y globalizadora. 

“El peronismo es revolucionario, o no será”, nos decía evita. Sin este carácter revolucionario y anti sistema el peronismo no tiene razón histórica de existir.

Es tarea de todos poner esfuerzo en esta construcción de un proyecto nacional,  popular y revolucionario, que recoja lo mejor de nuestra historia y las tradiciones populares.  

Este espacio a construir  debe ser una expresión del gran movimiento  nacional, abierto, participativo, poli clasista, que nuclee a todos y a todas aquellos que quieran una Argentina justa, libre, soberana, unidos en un programa  de acción común y un sueño y una mística compartidos.

 
 
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Nick
 
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