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Opinión. Lic. Nicolás Luna. Cicop, Seccional Cabred Luján
Hospitales “viejos, feos y sucios”
10.01.17. Cuando tenemos que responder acerca del estado de los hospitales y de la Salud Pública de la Provincia de Buenos Aires, decimos que el sistema está colapsado, desfinanciado, que es indigno, una vergüenza, y etc. etc.
 
 

Nos referimos siempre, al estado actual y a las últimas noticias que tenemos o que sabemos. Hablamos del momento, del resultado final y no del proceso que nos fue llevando al mismo. No hablamos de la película, sino de la última foto, y como suele pasar, el que olvida la historia, pierde el presente y extravía el futuro.

El sistema de atención único, universal y gratuito, dirigido por un Estado que garantizaba el derecho y el acceso a la salud, que supimos conseguir con Ramón Carrillo a mediados del siglo pasado, fue sufriendo un deterioro paulatino y premeditado para imponer otro modelo donde la salud ya no es un derecho sino un negocio.

Mal informados, ingenuamente y equivocadamente, hemos ido cediendo a los planteos capciosos que nos proponían  y en pos de una mejora, se optó por aceptar las reformas que poco a poco nos llevaron a la situación actual.

La des-financiación de los hospitales y el cierre de programas y políticas sanitarias que empezó la “Libertadora”, desembocó en la primera división del sistema único, con la festejada creación de las mutuales, que dejaba en “manos de los trabajadores a través de sus gremios” la atención médica de sus afiliados. Recordad hospitales como el Ferroviario, el de la UOM y otros que fueron orgullo de una clase obrera organizada con Augusto Vandor como máximo exponente de la época.

Inmediatamente después, se autorizaban las clínicas privadas, como alternativa a los hospitales “viejos, feos y sucios” que desde el mismo Estado se venían abandonando.

Entonces allí tuvimos tres subsistemas de atención: El público, el Privado y el Mutual. Esto duraría hasta los noventa con la aparición de los Servicios Prepagos y los Seguros de Salud, que completarían la segmentación actual con un Estado que garantiza el lucro empresario, pero que no gobierna ni articula el funcionamiento general y abandona cada vez más a aquellos que no tienen recursos, a los manejos comerciales de los laboratorios y el complejo médico industrial, que naturalmente, se basan más en sus necesidades de acumulación ampliada que en la salud de la población.

El criterio guía, ordenador de este proceso de destrucción de la Salud Pública, es importado del gran Imperio del Norte, donde “Quien no puede pagar la atención y el cuidado de su salud, no la merece”. Es decir, se acabó el derecho a la salud que garantiza nuestra Constitución Nacional y “poniendo estaba la gansa”.

Esto se implementa mediante una estratificación por ingresos de la cual, los estratos más altos, van al sistema privado, de gran calidad científica y hotelería cinco estrellas, que se repite hacia abajo, bajando la calidad.

El planteo de estos días sobre los jubilados del PAMI que teniendo yates y aviones, no debieran tener todos los beneficios que esa obra social ofrece a sus afiliados, es otro ejemplo de negación de derechos que son universales a favor de empresas de salud, que pretenden a esos afiliados de mayores ingresos.

Para aquellos que no tienen con qué pagar, estarán los hospitales públicos que no van a desaparecer, pero tampoco mejorar y la Cobertura Universal de Salud (CUS) plan muy similar al actual PROFE de la Provincia de Bs As, solo que a nivel nacional y que el Estado terminará pagando con dinero de los jubilados o con créditos internacionales, pero que no garantizará una mejor atención para nadie, porque no es su objetivo.

Volver a Carrillo y a un sistema único, universal y gratuito, es un desafío que algunos ya consideran imposible. Por lo pronto, recuperar para el Estado el gobierno de este sistema fraccionario, con múltiples subsistemas, teniendo como criterio guía y ordenador, el derecho a la salud de todos los habitantes por igual, sería una buena forma de empezar ese tan complicado camino.

El sistema actual, está colapsado, des-financiado y es indigno. Todos lo sabemos, por eso debemos encontrar rápidamente soluciones. En este caso, podríamos empezar por defender nuestros derechos y no dejarnos cautivar otra vez por planes que no han traído ningún beneficio y que ahora vuelven con ropaje nuevo. 

 
 
 
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