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Opinión. Refrescando la memoria: Juan Jose Baltti Rozado
Se siente se siente Cavallo está presente…
14.12.16. Refrescando la memoria: El Impuesto a la Ganancia aplicada a los trabajadores, nacido en el gobierno de Menem, fue impuesto por el ministro de economía Cavallo con la famosa Ley del Impuesto a las Ganancias a la 4ta Categoría que sólo alcanzaba en ese momento a los altos ejecutivos.
 
 

Más tarde, el mismo ministro Cavallo en el gobierno de De La Rúa, lo aplicaría al salario de los trabajadores. Esta situación continúa vigente y la actual reforma, que proponen el oficialismo o la oposición, mantiene la injusticia e inmoralidad de su concepción original.

 El 29 de septiembre de 2015 en un spot de campaña el candidato Mauricio Macri, admirado por Cavallo, manifestó que “El estado no tiene que adueñarse del fruto de tu trabajo”, en su mensaje a los trabajadores.

 Es el fruto del trabajo estúpido:

 Así como en el quehacer de la  política debe llegar la edad científica también  para la política debe llegar la edad de la razón y para ello hay que terminar con mitos, perjuicios y exageraciones, puesto que ellos son la cuna de la ignorancia y del totalitarismo.

Hay que terminar con la idea que el trabajo es un costo, que puede existir desocupación, que las cifras de desocupación son estas o aquellas. El trabajo siendo la causa de todas las conquistas de la civilización y el fundamento de la prosperidad nacional, el trabajo, intelectual o físico o ambos simultáneamente, constituyen además de un de un derecho esencial la suprema dignidad del hombre.

El trabajo al constituir la suprema dignidad del hombre es el verdadero agente de la producción, es el creador del capital y elaborador de la grandeza nacional y de la felicidad del pueblo. Es creador de los bienes instrumentales. El que produce es el hombre. En un torno el que produce es el tornero y el torno. Hay un sólo agente de la producción,  el trabajador. El trabajador produce con la ayuda de los recursos naturales, la tecnología que él mismo ha creado y el crédito. Es por ello que la supeditación de la propiedad privada individual a la función social. En este orden de ideas es necesario no solamente reorientar la propiedad privada individual, sino también  la propiedad de los medios de producción.

En cuanto a remuneración esta ha de ser justa. El Estado propenderá a que la retribución o remuneración que perciba el trabajador le permita satisfacer primero sus derechos naturales, alimento, techo, vestido, perfeccionamiento cultural; y luego propenderá a estimular al más laborioso, al trabajo más difícil, más responsable o que precise una mayor destreza. En otras palabras, la remuneración debe estar en proporción a las necesidades del trabajador y su grupo familiar y en proporción además con la cantidad y calidad de su trabajo.

Si el trabajador no es accionista de la empresa donde trabaja, ni posee la propiedad de los bienes de producción de la misma, el salario, la remuneración o retribución que perciba es de su propiedad.

 Fundamentos:

 El trabajo constituye la suprema dignidad del hombre, es el verdadero agente de la producción, creador del capital y elaborador de la grandeza nacional. Retomamos así la metodología de la Constitución Justicialista de 1949, que respetando la verdadera ontológica de las partes en cuestión se refiere primero al trabajo en el artículo 37, a la propiedad en el 38, al capital en el 39 y a la organización de la riqueza y su explotación en el 40.

Surge de esta manera bien nítida la jerarquía del trabajo, creador de los bienes instrumentales. Efectivamente, el que produce es el labrador, no el arado que utiliza. Por lo tanto no hay sino un agente de la producción, el trabajo que produce con la ayuda de los recursos naturales que encuentra y de los medios artificiales que él mismo ha creado. Es por ello que la supeditación de la propiedad privada individual a la función social es coherente con esta propiedad enunciativa, y lo mismo ocurre con la instrumentación del capital. Advertimos en este orden de ideas la necesidad de no solamente reorientar la propiedad privada individual, sino también la propiedad de los medios de producción.

La injusticia de la concepción socio-económica del capitalismo reside en la indignidad de una realidad, en que la vida del trabajador depende de la voluntad del capitalista cuya propiedad individualista de los medios de producción, no obstante ser fruto del esfuerzo de un grupo social, le ha otorgado de disposición exclusiva no solamente sobre la totalidad de las utilidades que son el resultado del esfuerzo mancomunado y jerárquico de un grupo laboral, sino incluso sobre las condiciones materiales del propio trabajo.

Efectivamente, siendo la propiedad de los medios de producción la empresa productiva, la resultante del esfuerzo de un grupo laboral técnico que la dinamiza haciéndola producir según las necesidades reales de una comunidad nacional, la concepción capitalista la ha orientado exclusivamente hacia el lucro individualista.

De esta manera, los usufructuarios de la misma no solamente ejercen un escamoteo sobre el grupo productivo, o sea la Empresa que la produjo, sino además, convertidos en factores de presión en virtud de su poderío económico, se pueden proyectar sobre el Estado para convertirlo en instrumento de sus intereses de clase.

El Estado puede perder así su naturaleza política sintetizadora del conjunto nacional y transformarse en órgano clasista controlado por los detentadores de los poderes económicos. Todo adquiriría una finalidad economicista: lo jurídico, lo político, lo social y hasta lo cultural pasarían a ser meros apéndices de una sociedad plutocrática. La actividad económica, además de responder a los intereses de las oligarquías agrarias, industriales y financieras, como sus únicas metas son los fines de lucro, crea en la comunidad expectativas y entusiasmos artificiosos y artificiales, obligando a consumir bienes innecesarios y hasta perjudiciales al conjunto nacional. La propiedad individualista de los medios de producción, ni funciona en provecho de sus miembros integrantes, ni tampoco en provecho o en función de la comunidad. Observamos por lo tanto, también en este tipo de propiedad, la necesidad de ponerla en función social, o sea una función del grupo que da la vida y en función de los intereses de la economía social de la Nación Argentina. Despuntará así la presencia de una propiedad social reorientada según su verdadera naturaleza y función.

 El salario es del trabajador, es un derecho adquirido con su trabajo y no se le puede aplicar ningún impuesto que lo limite. El salario es un bien personal y social, no es una ganancia monetaria.

Cavallo no es más ministro, sus políticas monetarias siguen vigentes en oficialistas y opositores

 
 
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